Cataluña quiere prohibir los toros: «Torturar es cosa nuestra», afirman los Mossos
«Otro desaire a la patria de esos separatistas», clama España, que en venganza planea prohibir la sardana en el tercio sur

180.000 firmas contra las corridas de toros, recogidas por la plataforma Iniciativa Legislativa Popular, han acabado de exhortar al Parlament de Catalunya no a prohibir la fiesta, sino a aceptar a trámite el debate sobre la prohibición. Cágate lorito; lo que hay que hacer para que un parlamentario mueva el culo. La iniciativa podría sentar un gran precedente en España: la prohibición de un rito ancestral en favor de la protección del animal. Y es que, por mucho arte que se vea en la arena, por mucho rasgo de nuestra identidad que contenga, por mucho que nos remonte a nuestra historia y prehistoria, no hemos de ser hipócritas: en una corrida, al toro se le da por culo a conciencia. No es sólo matarlo de mala manera. No es tenerlo en estresante cautividad. Y al argumento protaurino de siempre ya le replicamos ahora: sí, es más caritativo mandarlo a un matadero moderno y convertirlo en bistecs que tenerlo una hora larga agonizando mientras un señor con un teléfono por sombrero se decide entre darle el estoque definitivo o desangrarlo un poco más.
Vuelve a la actualidad el viejo debate. ¿Toros sí, toros no? En El Jueves, que somos conciliadores, creemos que la tradición y el arte taurino no deberían estar reñidos con no torturar a un pobre animal más de lo necesario. Tenemos oído, por ejemplo, que en Nimes hacen corridas sin matar al bicho. Diremos más: en Tejas organizan rodeos, que también van de enfrentar a un hombre con un toro salvaje, y el toro no parece tan puteado. ¿No podríamos adaptar la fiesta a los nuevos tiempos? Vale que a Hemingway no le habría hecho tanta gracia si toreáramos con banderillas de velcro; pero los tiempos han cambiado... Incluso hay escritores (dicen) que beben menos que Hemingway.