De la coprófila serie «‘El Jueves’ investiga: ¿Qué fue de...»
Los hermanos Calatrava: «Seguimos haciendo pelis. La última, esta mañana»

En el humor, no todo es risa. Existen circuitos de comedia marginal, de farándula canallesca, entre sórdidos cabarets y trajes manchados, donde los chistes flotan entre vapores de alcohol y la risa se hunde en el substrato de octavillas y mugre humana. Es un puerto de tercera por el que hoy muchos artistas cómicos pasan con la esperanza de no atracar. Pero antaño, este inframundo era la cima de su disciplina.
Muchos grandes del pasado murieron aquí mismo. Probablemente, en el bar donde estamos ahora. Casi seguro, degustando las croquetas que estamos comiendo nosotros. Sus almas nos inspeccionan desde las fotos autografiadas y los carteles descoloridos que cubren las paredes.
Club LaCaspe. Fundado en 1952, su escenario (su tarima, mejor dicho) ha conocido las suelas de algunos de los más ilustres grupos cómicos de España. Su selecto público incluye falangistas supérstites de la transición, vendedoras de cigarrillos que antes fueron legionarios y grupos enteros de jubilados de excursión. Su cartelera es un homenaje a las nostalgia y a los lamparones de aceite. Cada nombre es digno de un museo del humor español. O del museo arqueológico, en su defecto. Los Calatrava, sentados a nuestra mesa, calentando el coñac previo al espectáculo, suspiran con agrado: «Es como estar en casa.»
«¿Qué sabrán del humor esos gafapastas que se sientan en un taburete y recitan su monólogo de "tengo-35-años-y-aún-creo-en-los-reyes"?»
A Francisco y Manuel les sorprende el tema de nuestro interviú: «Nos extraña que alguien se pregunte “qué fue de” nosotros. Estamos donde hemos estado siempre.»
El Jueves: Pero las apariciones en televisión, los cassettes, las películas... Todo eso ha desaparecido de la escena.
El feo: ¡Mentira! Nosotros no nos hemos salido de escena; es el foco, que ahora ilumina a otro lado.
El menos feo: Eso es cierto. Antaño, el humor era esto: el club La Caspe en Madrid, el Paralelo en Barcelona, y pare de contar. Cuando TVE buscaba cómicos, venía aquí a buscarlos: no había otro sitio.
El Jueves: ¿Y el público también venía aquí?
El feo: Era este mismo público. Tampoco había otro.
El menos feo: Después, la oferta del humor de diversificó. Con la apertura, llegó la influencia yanki. Los jóvenes de entonces se sofisticaron. Aparecieron la corrección política y el humor inteligente. Murió el cassette.
El Jueves: Los tiempos han cambiado, claro.
El feo: ¡A peor! ¿Qué sabrán del humor esos gafapastas que se sientan en un taburete y recitan su monólogo de «tengo-35-años-y-aún-creo-en-los-reyes»? ¿O esos presentadores descorbatados que sólo tienen late show para que sirva de escaparate a las estrellas de verdad que fingen entrevistar? ¿Qué sabrán ellos de levantarse a las tres en una pensión, ir en coche hasta las fiestas de un pueblo de Soria, construir un escenario con mondadientes, vestirse de mujer, tocar un acordeón roto mientras se hace bailar a un mono muerto y hacer reír a una turba de campesinos diezmados por un brote de peste bubónica?
El menos feo: Las cámaras se volvieron hacia esas nuevas generaciones. Pero los demás no hemos muerto. Continuamos en activo.
El feo: Es más, seguimos grabando cassettes: suerte que nuestros amigos del Carrefour aún los venden.
El menos feo: Y aún rodamos películas. La última, la hicimos esta mañana.
El feo: Así subsistimos, mientras esperamos nuestro momento.
El menos feo: El momento en que vuelva a surgir un dictador que cierre las ventanas de este país, que reimponga la censura, que vuelva a poner un listón a la trasgresión.
El feo: ¡Para que nosotros, los artistas castizos, los que nos hemos curtido en el escenario, los del chiste al desnudo, los de la pandereta y el double-entendre picantón, monopolicemos de nuevo el humor!
El público prorrumpe en aplausos ante esta invectiva. Y eso que el espectáculo de los Calatrava aún no ha empezado. No nos quedaremos a verlo: huimos a Estados Unidos antes del golpe de estado.