Aumentan las medidas de seguridad para volar
Coger un avión sí que va a ser una inocentada

Parecía imposible que se nos humillara más. Las eternas colas y esperas, los registros exhaustivos, el hecho de tener que quitarse cinturón, zapatos y lo que al poli sin una vida sexual satisfactoria de turno le viniera en gana, la imposibilidad de subir botellas de agua porque, claro, con ellas se pueden cometer atrocidades (tal como ilustra la viñeta de la izquierda)... Mil normas absurdas que parecían tener una sola cosa buena: no se podía ir más allá. Error. Se podía. Resulta que lo que había hasta ahora sólo eran medidas de seguridad normalitas, porque ahora que un señor (llámale señor llámale cabronazo) intentó volar un avión (por muy redundante que eso parezca) en Detroit, vamos a enfrentarnos a la auténtica normativa. Una nueva batalla que la seguridad gana a la libertad, palabra que a este paso perderá su significado y sólo servirá para figurar en la cabecera de los diarios fachosos online.
Hablemos de la nueva normativa. O eso es lo que nos gustaría decir, porque en realidad no está muy clara. Según ha explicado alguien importante (citaríamos la fuente pero no nos acordamos... ¡suerte que al estar en El Jueves nos podemos permitir patilladas así!), las nuevas medidas no serán iguales en todas partes, y de hecho irán variando porque siendo imprevisibles es más sencillo despistar a los terroristas. Traducción: pueden abusar de nosotros de la forma en la que les plazca, y no tendremos derecho a quejarnos. Aunque, bien pensado, no acabamos de ver la diferencia con lo que sucede ahora mismo.
Sin embargo, sí han cambiado algunas cosas: de momento, no dejan que la gente se levante en la última hora de cada vuelo (un plan ideal si pretenden que las vejigas de los viajeros exploten en masa) y se comenta que tal vez prohiban objetos como ordenadores portátiles o, atención, libros. Posiblemente porque si el pasaje es lo suficientemente culto (y, por lo tanto, lee), se puede dar cuenta de que están pisoteando impunemente sus derechos. O quizá es porque un libro arrojado a la cabeza del piloto a mala leche hace bastante daño, y eso puede sembrar el caos en el avión. Sí, será eso. No tiene mucha lógica, pero tampoco lo tenía lo de la botella de agua.