De la anónima serie « ‘El Jueves’ investiga: ¿Qué fue de...?»
El tío aquel de la barba de Martes y 13: «2010 será mi año, lo presiento»

La cosa es así: estábamos en Nochevieja echando unos quintos en casa del fotógrafo, jugando al póker y con la tele silenciada, y mientras veíamos el lamentable programa de fin de año y añorábamos (por pasado, que quizá no por mejor) el tiempo de los especiales de Martes y 13, y aquel chiste memorable en que iban vestidos de monjas y Millán le decía a una «Sor Bete, vete a por el televisor», nos dio por preguntarnos: «¿Os acordáis de cuando Martes y 13 eran un trío?» En efecto, hubo un tercero, de corta vida y barba larga, únicos detalles de su trayectoria que recordamos. Pero nos da el arrebato investigador y decidimos telefonearle ahora mismo para saber en qué anda metido. No nos importa que sean las doce y media, ni que andemos medio piripis: ponemos el teléfono en modo speaker y el tío de la barba nos saluda emocionado:
—¡Mamá, cojones, que te tengo dicho que para año nuevo me llames por la tarde! ¿No ves que podría estar con una mujer?
—¿Señor barbudo? ¿Qué tal? Somos el equipo de QFD, rastreadores y cazadores de viejas glorias.
—Ah. Entiendo: ustedes también han visto el programa de fin de año, ¿eh? Menudo truño.
—Deducimos que no está usted con una mujer.
—Ya, ¿y qué pasa? Prefiero pasar la Nochevieja con unos pocos amigos.
—Nosotros también: con Johnnie Walker y Marie Brizard. Oiga, ¿y por qué dejó Martes y 13?
—¿Otra vez? ¡Dios, siempre me preguntan lo mismo! ¡He hecho muchas cosas desde que me separé de Martes y 13!
—Ah, ¿sí? Diga una.
—Pues, por ejemplo, este año he debutado en la literatura con mi primer libro, Por qué dejé Martes y 13.
«Según la Ley de Pasqual, cuando un trío se convierte en dúo, siempre pringa el de la barba. Vean los casos de Martes y 13, La Trinca o Los Tres Tenores.»
—Para que luego digan que está usted encasillado. Bueno, mientras encargamos el libro a Amazon, resúmanos su tesis en dos o tres líneas.
—Por supuesto: he llegado a la conclusión de que las barbas son siempre un motivo de escisión en cualquier colectivo.
—Espere, explique eso; Johnnie y Marie no lo han entendido.
—Fácil: según la llamada Ley de Pasqual, dado un grupo de artistas camino del éxito, la probabilidad de una ruptura en el grupo se aproxima a 1. Antes de llegar a la cima en un número de n miembros, el miembro n+1 debe ser descartado por criterio de vellosidad facial. En otras palabras: cuando un trío se convierte en dúo, siempre pringa el de la barba.
—O sea, que esto le ha pasado a alguien más que a usted.
—Por supuesto. Vean el caso de La Trinca: cuando cantaban eran tres; ahora que cada uno se ha puesto órganos vitales de oro macizo con lo que han ganado produciendo telebasura, se han quedado en dos. ¿Cuál se fue? ¡El de la barba!
—Pues es cierto.
—¿Quiere más? Los Morancos sólo triunfaron cuando su poco conocido hermano barbudo abandonó el barco. Los Tres Tenores: Pavarotti murió primero. El triunvirato romano: César, Pompeyo y Marco Craso; Craso, que era el de la barba, tuvo que ceder el protagonismo a los otros dos.
—Oiga, lamentamos tener que interrumpir este apasionante ráfaga de datos reveladores, pero hemos de bajar a por más polvorones antes de que cierren el paqui. ¿Tiene más proyectos para este 2010?
—Muchos, y muy prometedores: voy a formar un trío artístico con el de la barba de la Trinca y algún otro, aún por decidir. Espero que una vellosidad facial repartida nos salve de acabar divididos. Unidos, triunfaremos. Este 2010 será mi año, lo estoy viendo.