África no empieza en los Pirineos, empieza en Vic
El alcalde de la ciudad, hasta la polla de los negros

Josep Maria Vila d’Abadal (que parece un nombre que nos hayamos inventado, pero existe de verdad) es el alcalde Vic, la ciudad con nombre de boli que permite dos maneras de escribir bien. Vila es el paradigma de la gente que dice eso de "Yo no soy racista, pero..." aunque en su caso el pero se debería escribir con mayúsculas, negrita, subrayado e incluso con aquella fila de hormigas absurda que se puede poner con el Word y que no sirve de nada porque no puede imprimirse pero que hay que reconocer que en pantalla crea un efecto curioso. O sea, que el tal Josep Maria no siente un gran afecto por los extranjeros. O, como decimos en el subtítulo, está hasta la polla de los negros.
Vic tiene un 25% de extranjeros, cosa que se ve que es aceptable para un equipo de fútbol pero no para una población. El consistorio de la ciudad ha decidido que los sin papeles no pueden empadronarse allí, normativa que ha sido apoyada por la Plataforma per Catalunya, unos señores que, si en lugar de ser catalanes y vivieran en el siglo XXI, fueran alemanes en 1940 y pico, hubieran aplaudido el gran progreso que suponían esas modernas cámaras de gas. La clase política, en su mayoría, calla (más que nada porque la iniciativa en Vic la han secundado CiU, PSC y ERC, y el PP no parece tener nada en contra) y nosotros nos preguntamos por qué el señor Josep Maria Vila d'Abadal y sus compañeros odian tanto a los inmigrantes. ¿Será verdad eso de que los negros la tienen tan larga y, en el fondo, sólo se trata de envidia?