Felipe y Letizia herederos del trono y, ahora, de un pastizal
Un monárquico (no Juancarlista) de Ciudadela lega a los príncipes una fortuna

Juan Ignacio Balada, señor menorquín podrido de dinero y que murió el pasado noviembre ha dado, con su muerte, una alegría a los Príncipes de Asturias, la necesitaran o no. El difunto, Balada, en una decisión que le honra como monárquico, legó toda su fortuna – terrenos e inmuebles de incalculable valor, a los que se les supone un gran valor – a los futuros reyes de España excluyendo de su testamento a sus dos únicas familiares directas, dos primas – nunca mejor dicho – que desde entonces sienten una repentina simpatía por la República.
Los príncipes no han hecho comentarios al respecto y la casa real, en vez de tomar el dinero y correr que es lo que se haría en cualquier otra casa, está estudiando las condiciones de la herencia antes de decidir si se acepta o no. Que la donación será aceptada es cosa segura pero negarse, al principio, siempre queda bien. Es como cuando la yaya te quiere dar 10 euros para que te tomes algo. Al principio se dice que no y se acaba aceptando, en el caso de los príncipes, sin beso de agradecimiento, encima.
La casa real no ha aclarado qué se haría con los inmuebles en caso de que los príncipes acabaran aceptando heredar – lo ven – aunque han reconocido que el dinero les vendría bien. «Especialmente al príncipe que lleva años jugando cada jueves a la Primitiva y no ha sacado más que algún que otro reintegro».