De la domótica serie « ‘El Jueves’ investiga: ¿Qué fue de...?»
Zapato veloz: «Cuando nos ofrecieron cantar con la Filarmónica de Boston, supimos que el mundo estaba loco»

Hay artistas cuya absoluta desaparición es proporcional a la omnipresencia de su legado. Ocurrió así con los galaico-asturianos Zapato veloz. Ellos se esfumaron; pero a cambio, su éxito indiscutible, El tractor amarillo, tiene el don de la ubicuidad. No hay fiesta mayor, feria de pueblo o baile de asilo en que la orquesta no se atreva con el compás facilón de un rompepistas asegurado, cerveza mediante.Hemos tenido que llamar a Mikel Herzog, que era cuñado de uno de los de Zapato Veloz, para que nos pusiera sobre la pista del grupo. Tras disolverse en 1994, se reunieron brevemente en un número llamado Trío Os Cogollos, que después pasó a llamarse Dúo Os Cogollos y, finalmente, O Cogollo. Hemos oído a O Cogollo en el Tulús Lotré, un decadente club de cantautores inspirado en el París bohemio de fin-de-siècle, en la frontera asturleonesa. Torturados escritores con boinas y lentes ahumados mastican con apatía una tapita de pulpo mientras escuchan el recital de O Cogollo, solo en el escenario con una guitarra y un taburete. Su repertorio es inesperado. Algunas de sus canciones: «Cicatrices en tus muñecas», «Eres el azúcar de mi absenta», «Estoy solo, borracho y en la nevera sólo hay Tranchetes».
Hablamos con él después de la actuación. Sonríe, melancólico, al volver a oír el nombre de Zapato Veloz. «Hace tiempo que no veo al resto», lamenta. «El teclista se compró un Casio de octava y media, con teclas de colores, y formó un nuevo grupo de música experimental en Berlín con una colgada que le acompaña al bajo; el otro compone para piano, triunfa en Rusia y se está quedando sordo.»
Pero, ¿por qué estos bruscos cambios de registro en su música? Zapato Veloz responde: «Tú también habrías acabado hasta los huevos de rock pachanguero. Vosotros sólo visteis el éxito en España... ¡Pero es que la cosa continuó en América Latina, que ahí, ya se sabe...! Hicimos la Pampa entera en furgoneta, volvimos a subir por Chile... Fuimos disco de oro, platino, uranio y tierras raras (lantánidos y actínidos). Todo por una canción sobre un tractor amarillo. Es incomprensible. Quizá es que seguíamos la estela de otro hit sobre cosas amarillas; agüita, en este caso. En fin; cuando dimos el salto a USA y nos ofrecieron un directo con la filarmónica de Boston, comprendimos que todo el mundo se había vuelto loco. Nos disolvimos y cambiamos de rumbo.»
«Debe de irle bien. Parece usted muy popular, su móvil no ha dejado de recibir mensajes desde que estamos hablando.»
«¿Eh? Ah, no. Son mensajes del banco. Cada vez que una banda, en algún lugar, versiona El tractor amarillo, recibimos 1 euro cada uno. No es cosa de la SGAE; es un hechizo que nos regaló un chamán boliviano para gestionar nuestros derechos de autor. En serio; pruébelo: puede usted tararear la canción dentro de una caja fuerte, y mágicamente aparece un ingreso de 1 euro en nuestras cuentas. Suerte de eso, porque la verdad, con la música seria no hay quien gane una mierda.»