Esta semana, en «El Jueves»
¿Qué hacemos con los residuos nucleares?
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La energía nuclear nunca ha gozado de gran popularidad. Cierto, sus instalaciones no son discretas en el paisaje, huelen raro, y cuando alguien pronuncia la palabra «fuga» se nos pone el ADN de punta. Por otro lado, amigos, somos muchos y nos empeñamos en reproducirnos; somos auténticos yonkis de la energía y, quitémonos el velo de los ojos, lo de que nuestros parques eólicos y plantas hidroeléctricas sostenibles hagan funcionar el aire acondicionado de cuarenta millones de españoles con sus respectivos genitales, va a ser que no. La crisis energética y el impacto medioambiental son preocupantes, sí; pero, a la mayoría, la preocupación sólo nos llega para gritar «¡que los científicos inventen algo, que para eso pagamos sus becas, cojones!»; no para dar un verdadero paso, como por ejemplo, reducir nuestra demanda de energía. Mientras sigamos consumiéndola a este ritmo, vamos a tener que seguir sacándola de donde haga falta (del sol, del uranio y de la OPEP); y varios municipios de España van a tener que joderse con cementerios nucleares, líneas de muy alta tensión y mil mierdas más. Pero claro, es la ventaja de ser tantos: que el cementerio te toque al lado de casa, sería casualidad...
Y si toca, mirémoslo por el lado bueno: Santi Orue ha encontrado unas cuantas ventajas a los residuos nucleares en el vecindario; y Furillo analizará las demandas y negativas del populacio en su página intitulada «En mi pueblo, no». Pero hay más: Jardí & Ariño presentan los nuevos cánones de la SGAE, Pedro Vera se pregunta qué coño pinta ZP en un desayuno nacional de oración en EEUU; e Igor resume cada serie de televisión en dosis de una tira. Todo esto, en un derroche de medios y sudor sin precedentes, este miércoles en El Jueves.