Aznar: «Nadie ha pedido mi opinión, pero como soy ex presidente, la daré igual»
Criticar a la oposición e incomodar a su propio partido: el deporte nacional de las momias políticas

De toda la vida, desde que ha habido democracia en este país, el culmen de una carrera política no ha sido presidir el gobierno, sino lo que viene después: ser un ex presidente, no tener cargo ni responsabilidad, mantenerse a una cierta distancia con la certeza de que, cuando abras la boca, los micrófonos acudirán a tu voz como moscas a la miel. Poder criticar la gestión ajena con la tranquilidad de que el marrón no es tuyo, y fustigar a los responsables con el látigo del «esto en mis tiempos no pasaba». Meterte con tu propio partido y despreciar a tus sucesores, protegiéndote del contraataque con tu escudo de respetabilidad invulnerable. Rajar de todo dios desde la barrera, como un vulgar taxista, pero con la prensa suplicando más declaraciones. Insultar al rival, incomodar al camarada y ser vitoreado por abueletes disidentes de los demás partidos. Lo hizo Felipe González. Y lo está haciendo José María Aznar.
El hombre al que la historia recordará como mejor presidente de España entre 1996 y 2004 (si no por su gestión del chapapote, del 11-M o por lo apoyar una guerra en la que han muerto cientos de miles de civiles, porque total, sólo eran moros), ha vuelto del ultramundo político para largar. De Zapatero dijo que «nunca nadie ha hecho tanto daño a su país en tan poco tiempo»; critica a Cospedal, de su propio partido, por su actitud en la polémica de los cementerios nucleares; y pinta un futuro tan negro que demuestra su nula fe en la recuperación, ni siquiera cuando su sucesor tome el timón, si lo toma.
Desde el PSOE ya se están lamiendo las heridas mientras dicen (a la vez que lamen, que ya es difícil hablar en esas condiciones) que Aznar habla desde «el rencor», y que en vez de hacer de agorero podría arrimar el hombro. «Los cojones», ha replicado Aznar: «¿Ahora que estoy en la cima de mi carrera, en plan abuelo Cebolleta? No vuelvo a arrimar el hombro ni loco.» Y se ha ido con Felipe González a mirar las obras del AVE.