La bolsa se desploma, los parados aumentan, los sindicatos se rebelan...
¡Todo se va a la mierda!
¡Qué bonito es ser tremendista!

Abrimos un periódico y se nos cae el alma al suelo. No porque seamos incapaces de resolver los cricigramas, que también (en serio, ¿quién es el depravado que los crea?) sino porque, por todas partes, vemos escrito lo mismo: la crisis va a peor, la bolsa se desploma, crece el número de parados... En resumen, que debe de ser lo más parecido al apocalipsis ese que anunciaban en la Biblia.
Sin embargo, lo verdaderamente grave no es leer esto en un periódico. En cabeceras como El Mundo, La razón, ABC o incluso en el diario humorístico La Gaceta de Intereconomía podemos ver estas informaciones a diario. Y, de hecho, si España estuviera en el mejor momento de su historia también se quejarían, más que nada porque los que están en el poder no son los suyos. Pero es que todo esto que decíamos lo leemos... ¡en el diario Público! ¡En el medio en el que, cuando Zapatero se tira un pedo, tres columnistas escriben loas al afrutado aroma de sus gases! Abran los refugios antiatómicos, que parece que ahora la cosa va en serio.
La parte buena de que el caos termine apoderándose del país es que ya no hará falta ir al cine para ver pelis de zombis. Muy posiblemente, acabemos dominados por los muertos vivientes. Vale, no es una perspectiva de futuro muy halagüeña, pero, por Dios... ¡¡el diario Público pone en portada que el Gobierno es un desastre!! Demos gracias si sólo acabamos entre zombis.