Karlos Arguiñano divide el átomo cortando un ajillo «finito, finito»
Empezó preparando unos calabacines rellenos y les pasó la mano por la cara a varios premios Nobel

La fisión nuclear constituye aún la incursión última del científico en la naturaleza. Apenas soñado por los científicos locos del Tercer Reich, sigue siendo un proceso carísimo y que requiere reactores y aceleradores de partículas como varios edificios de grandes... Hasta ayer, en que el rey indiscutible de los fogones logró la proeza con un simple cuchillo de cocina. En un plató de Telecinco. Y mientras miraba a cámara y contaba el chiste de que Miguel Indurain, cuando llueve, canta «I’m singing Indurain». Karlos Arguiñano dividió un átomo. De ajo tierno, concretamente.
El hecho ocurrió durante el rodaje del lunes pasado. (Se conoce que Arguiñano graba los programas de toda la semana en una tarde; mientras un plato está en el horno, empieza otro; y ese día los técnicos se llevan tuppers a casa para todo el mes.) Estaba Karlos preparando unos calabacines rellenos con bechamel y canela («plato típico de mi tierra», como dice siempre), y mientras troceaba las verduritas del relleno a súper velocidad, cantando jotas y partiéndose el culo él solo, de pronto, ¡BUM! Una pequeña explosión nuclear deslumbró a los presentes, tiró a Karlos al suelo y hasta provocó una nube hongo de diez centímetros de altura. Un átomo de carbono perteneciente a un diente de ajo acababa de ser partido en dos por la diestra mano del chef, liberando un porrón de kilojulios de energía que aún están contándolos.
Científicos del CERN, apabullados ante el vídeo del fenómeno, ya le han pedido por carta al popular cocinero que se una a su equipo de investigación nuclear. Están especialmente interesados en que Karlos aplique su maestría en la fabricación de grandes cantidades de antimateria. Arguiñano ya ha respondido: «Mientras me dejen añadirle perejil a la antimateria esa, que cuenten conmigo.»