La barbacoa de forasteros de San Putardo del Bierzo, patrimonio histórico para la UE
Una curiosa tradición que pocos conocen y aún menos viven para contar

El viajero que tome la carretera vieja de Congosto hacia Bordesillas, al norte de Ponferrada, llegará a un bucólico pueblo al pie de la agreste sierra de Despeñacabras, de interesante arquitectura prerrománica y costumbres renuentes al cambio de milenio. El primero, queremos decir.
Sus habitantes, gente sencilla dedicada al pastoreo y el cultivo de la berza, rumorearán entre ellos, sorprendidos de ver uno de los raros forasteros que acuden al llamado de atracciones turísticas como la gigantesca barbacoa barroca, que rivaliza en altura con el campanario. Pronto los vecinos, vencida la timidez inicial, se desharán en atenciones hacia el turista, ansiosos de mostrarle el matadero municipal o sus muy renombrados sótanos. Mientras los chiquillos le queman el automóvil, uno puede observar los primeros hachazos mal lanzados que van a clavarse en las paredes, presuntamente con el fin de entretener al visitante. No tardarán los indígenas en intentar ensartarlo con la horca del heno o convencerle, de cualquier otro modo igualmente drástico, para que prolongue su estancia hasta el domingo, día en que celebran la famosa barbacoa de forasteros, de la que el turista formará parte en calidad de plato fuerte. Si uno consigue huir con vida del pueblo, podrá decir que ha visitado San Putardo del Bierzo.
Esta hermosa tradición, tan ligada a nuestro pasado, peligraba por culpa de la urbanización imparable, el progresismo anticastizo y la hipercorrección política, que demoniza el canibalismo como si fuera qué sé yo qué. Afortunadamente, la barbacoa de forasteros será preservada gracias a la Unión Europea, que no ha vacilado en catalogarla como bien cultural y patrimonio histórico.
La declaración oficial tendrá lugar en el pueblo el próximo domingo, en que una delegación de la UE visitará el municipio. Los habitantes de San Putardo del Bierzo preparan con ilusión los festejos para la fecha, y prometen un banquete a base de «Señor de Bruselas con cebollinos». Toda pequeña atención es motivo de fiesta para la inocente gente del campo.