Ahora que su nuevo hobby es mostrarle el dedo a los rojos
¡Que vuelva Aznar!
Está tan mal de la cabeza que seguro que nos divertiríamos

José María Aznar ha sido la bendición más grande que hemos tenido y jamás tendremos en este país. No lo decimos por su capacidad de gestión política (no somos La Gaceta de Intereconomía) sino porque a nosotros, que nos dedicamos a hacer reír, nos da los chistes hechos. Su última incursión en el mundo del humor no hace falta que os la contemos, ya que ha salido en todas partes. El que en su día fue presidente de España, el que hoy cobra una millonada por dar conferencias, el que se presupone que debe contar con una educación, les muestra el dedo a unos chavales que se manifestaban contra él. Es cierto, le estaban increpando, pero el gesto de Aznar no viene de la rabia del momento o de la impotencia de verse en esa situación. Miradle la cara y veréis la perfecta imagen para que un diccionario ilustre la definición de "soberbia". Esa expresión de "el mundo es mío y me meo en él a mi antojo" no tiene precio. Vamos, que no se la sacó y dijo "comédmela, sucios hippies" porque Dios (o sea, él) no quiso.
Precisamente por eso, reclamamos que vuelva. Ningún político nos arreglará la vida en este fantástico sistema en el que, como decía Eugenio, los que mandan al final son los verdes (no los ecologistas, sino los billetes... sí, este chiste se entendía más cuando los billetes más corrientes eran verdes, nos hemos dado cuenta). La única diferencia es que uno gobierna con cara de penita y tratando de caerle bien a todo el mundo (estrategia que mucho, lo que se dice mucho, no le está funcionando) y el otro es más faltón que el doctor House puesto de speed. Y, mal que mal, preferimos lo segundo. Es mucho más divertido. Aznar, te echamos de menos. ¡Vuelve, por favor! O por lo menos designa a un sucesor más hijoputa, que con Rajoy nos morimos de aburrimiento.