De la prosopopéyica serie «El Jueves investiga: ¿Qué fue de...»
El Frigodedo: «Helados como este valen hasta 3.000€ entre los coleccionistas»

Por una de esas asociaciones mentales aleatorias, relacionamos la feliz infancia con los helados. En realidad, cucuruchos y polos se pueden comer a cualquier edad; pero en los jóvenes, y más aún en los jóvenes de treinta y pico, el helado choca frontalmente con nuestros roles asumidos: parecer maduro contra lamer nata de un palo; comer sano contra una dosis gratuita de azúcar; nuestra mente pervertida y proclive a la broma sexual contra comerse un Calippo por la calle. Así que aparcamos el helado al rincón de la memoria idealizada, y el día en que uno se permite bajar al paqui de la esquina a darse un capricho, examina el catálogo de este año (en el que, contra todo lo antes dicho, suelen aparecer reclamos obscenos para adultos, como Elsa Pataky o Eva Longoria), y descubrimos con horror que el Frigodedo ha desaparecido. ¿Cómo es posible?
Desgraciadamente, cuando los del QFD tenemos antojo de algo viejuno, no paramos hasta que encontramos la sepultura de nuestro objetivo o hasta que este llega a nosotros en una máquina del tiempo en forma de Delorian. Hemos contactado con la casa Frigo, hemos hablado con su presidente, hemos llamado vacaburra a Eva Longoria (por joderla, puramente), todo para arrancarles a esos bastardos de la multinacional que el Frigodedo sólo se encuentra en partes de África y Oceanía.
«Coman helados y vivan el presente. Lo dice el proverbio senegalés: 'De tanto mirar hacia el principio de tu vida, te darás de morros contra el otro extremo'.»
El tercer párrafo nos sitúa en una heladería de Côte de Sang, en Senegal. Cada uno de nosotros disfruta de un Frigodedo mientras Maurice Mbumbo, heladero de conocimientos enciclopédicos, nos cuenta que polos como este, en Occidente, ya valen hasta 3000€. «Existen coleccionistas que guardan auténticas reliquias en sus congeladores. No se los comen; los contemplan en su envoltorio», ríe Mbumbo, compadeciendo a esos locos. «He visto un Colajet comprado por eBay viajar en nitrógeno líquido de Tokyo a Nueva York. He visto llorar a un hombre adulto cuando un apagón derritió su Minimilk edición tailandesa, prohibida en el 94 por considerarse que su consumo infantil contribuía a la afluencia de turismo pedófilo.»
Pero, amigos, el coleccionismo no cura la nostalgia. Guardar el juguete en su envoltorio original no sustituye jugar con él. «Yo siempre digo: coman helados y vivan el presente, coño», sonríe Mgumbo. «Lo dice el proverbio senegalés: “De tanto mirar hacia el principio de vuestra vida, os daréis de morros contra el otro extremo”.»
(Edición de 6 de Marzo, 11:30h: Para nuestra sorpresa, hemos descubierto que el Frigodedo vuelve al catálogo Frigo este año, con imagen renovada. Enhorabuena, viciosos.)