Cataluña colapsada por UN día de nieve... ¡Que entren los juegos de invierno!
Hereu, alcalde de Barcelona, pasa de ingenuo a visionario y de visionario a profeta del apocalipsis
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Cataluña no está preparada para la nieve. Para que se hagan una idea los de fuera, Barcelona, su capital, ni siquiera está preparada para la lluvia. Caen cincuenta litros en un tiempo corto y la red de ferrocarriles se anega, el metro se para, los túneles no desaguan y se puede bajar por la Rambla en kayak. Ahora imaginen esta misma ciudad bajo la nieve: la risión.
La falta de preparación afectó a los catalanes en todos los niveles. Empezando por el ciudadano mismo, al que la alerta de nieve (que se dio) le entra por un oído y le sale un poco por el otro, sobre todo si es del litoral, porque claro, «¿nevar en el Mediterráneo? ¡Ja! Imposible, nuestro merchandising no lo contempla.» En Barcelona, posible candidata a unos juegos de invierno, bromeábamos: «Jordi Hereu no tendrá esa suerte.»
Protección Civil lanzó a las 18:30 su primer comunicado a una población que llevaba hasta 5 horas atrapada en las carreteras: «No salgan de casa.»
Luego pasó lo que tenía que pasar: carreteras cortadas, árboles caídos, gente que se pasó horas atrapadas en atascos en autovías y rondas. Y el sistema de emergencias empezó a trabajar con su eficacia habitual: la página web de tráfico de Barcelona informaba de que en Ronda de Dalt la circulación era fluida —llevaban 5 horas parados—; la Guardia Urbana fue sorprendida varias veces jugando con la nieve y haciéndose fotos; a las 18:30 Protección Civil lanzó el primer comunicado a una población atrapada en las carreteras: no salgan de casa. Bravo.
Los únicos cuya labor fue intachable, una vez más, fueron los de los peajes de las autopistas: incluso para franquearte el paso a una vía colapsada donde los coches se movían a cuarenta minutos por kilómetro, ¡te cobraban el peaje! ¡Ahí, velando por esta esencia de la catalanidad!
El último en recibir, por supuesto, fue el Conseller de interior, Joan Saura, que tuvo que venir a afrontar las consecuencias del temporal desde Mallorca, para indignación popular.
«Pero joder, ¿usted tampoco había oído la alerta del temporal? ¿Por qué no estaba al tanto?»
«¡Claro que oí la alerta! ¡Por eso me fui a Mallorca! ¡Para no pasar frío!», respondió el señor Saura. Olé nuestros collons.