La Sexta también es Ni-Ni: ni audiencia ni dignidad
Tanto fijarse en Telecinco, se han vuelto como ellos (excepto en lo de la audiencia)
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¡Ah,
la Sexta! ¡Esa cadena progre, diferente, que se ha dedicado a desprestigiar a la competencia repetidamente desde la superioridad intelectual que les da no hacer telebasura! Porque en la tele de
Emilio Aragón no se emiten cosas denigrantes para conseguir audiencia a cualquier precio. Jamás.
Generación ni-ni es un claro ejemplo de ello. No se trata, como muchos han querido hacer creer, de un
Gran Hermano protagonizado por
borderlines (o sea, más
borderlines que de costumbre). Al contrario, es un programa de temática social que quiere ayudar a unos pobres chicos con dificultades a tirar adelante. Por eso tienen a unos psicólogos que intentan reeducarles para que encuentren sus metas en la vida. Aunque esas metas sean liarse a pollazos con una compañera (en el vídeo de arriba lo tenéis).
La emisión de unas imágenes en las que dos de los chavales perseguían a otra concursante y uno de ellos le estampaba grácilmente el miembro viril por el cuerpo en repetidas ocasiones (lo que en porno viene a llamarse cockslap) han hecho saltar las alarmas. Y nosotros nos preguntamos, atónitos: ¿Por qué? ¿Qué hay de malo en ello? ¡Que es la Sexta, caramba! ¡Que es la tele de Wyoming, y de Buenafuente, y del calvo ese que persigue a Fernando Alonso! ¡Que si lo emiten no es porque sea un comportamiento asqueroso y posiblemente delictivo pero que a la gente le da morbo de ver! ¡Es porque seguro que tiene un valor sociológico! ¡Malpensados!
Y si en el concurso se está dando protagonismo a unos jóvenes vagos, maleducados y, en resumen, gente cuyas caras deberían aparecer en un diccionario ilustrado al lado de la definición de “vergüenza ajena” será por algo. Y si en el concurso cuando dos de las criaturitas follan debajo del edredón (es triste, pero no se pueden esperar a estar fuera de la casa) lo emiten de forma íntegra no es por dinero. Y si en el conc... Vale, a la mierda. La Sexta ha perdido la dignidad. Con todas sus letras. Y ni siquiera le ha servido para ganar audiencia. Por una vez, los más tontos no son los participantes del reality.