Santiago Fernández
Con la iglesia hemos topado... ¡¡Y no sé cuantas veces van ya!!
En la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana y beata los curas no pueden casarse y las monjas tampoco, así que algunos piensan que, a falta de pan, buenas son tortas, y entonces se tocan y también tocan a otros, aunque sean muy pequeños y no quieran ser tocados. Pero la mano es muy larga debajo de los hábitos que la esconden y, claro, como dios aprieta, pero no ahoga, la carne débil ora pro nobis en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo, a la vez rogando y con el mazo dando, que para eso tiene uno mazo aunque haya hecho los votos de castidad en el seminario.
Así que, como ocurre tantas veces en las creencias morales, algunos se han tomado al pie de la letra lo que estipulan sus preceptos y han hecho suya aquella frase del maestro que decía: Dejad que los niños se acerquen a mí. Y así andan todo el día buscando pecados que expiar en un rincón oscuro donde el señor -aunque sea omnipresente- no pueda verlos mientras ellos ofrecen la gloria eterna a las ovejas descarriadas que aún no han comprendido que su reino no es de este mundo y, por tanto, tampoco las leyes mundanas que lo gobiernan.
De todos modos, no hay nada que no se arregle con tres padresnuestros, dos credos y un rosario bien rezados a la hora de maitines, las rodillas desnudas hincadas en el reclinatorio y las manos pecadoras unidas en plegaria hacia el cielo con los ojos vueltos implorando misericordia por los males de este mundo antes de que vuelva el alboroto a las clases en forma de demonio, amén.