De la portentosa serie «El Jueves investiga: ¿Qué fue de...?»
Christina Rosenvinge: «A veces, Alex hace ¡chas! y aparece a mi lado»

Corrían los 80 y el pop español se escindía en dos corrientes: la de la movida, revolucionaria y rimbombante, en la que dar con un nombre atroz como Kaka Deluxe o Glutamato Ye-yé era el 70% del éxito; y otra familiar, sencilla, de nomenclatura inspirada en viejos dúos como Enrique y Ana o Juan y Junior. Alex de la Nuez y Christina Rosenvinge se subieron al segundo carro y en 1987 lanzaron el álbum Alex y Christina. Para qué complicarnos.
Después, Christina pasó por otros grupos e incluso cantó con su nombre y apellido. De Alex no hemos vuelto a saber nada desde su pequeño hit de los noventa, Dame más, que un publicista trocó oportunamente en Dame Kas. Para saber dónde para, hemos ido a ver a su colega, la Rosenvinge. Y la noticia nos ha dejado helados.
«Alex nos dejó», cuenta Christina, con una minúscula sonrisa contraída en su boca. Claro, a ella no le han faltado ni tiempo ni buenos recuerdos para aceptarlo, pero a nosotros nos ha venido de sopetón.
Imaginamos a Christina haciendo de Demi Moore y al difunto Alex de Patrick Swayze, jugando al Alfanova.
Christina intenta compensarnos por la entrevista que ya no podremos realizar. «Incluso después de separarnos, siempre siguió de cerca mi carrera, y yo la suya. Nos vigilábamos mutuamente. Cuidábamos uno del otro. Aún siento que es así. Él sigue atento a mis movimientos. Me hace llegar sus comentarios, sus apreciaciones... No sólo en mi carrera musical, también en la vida diaria. A veces, hace ¡chas! y aparece a mi lado.»
Imaginamos a Christina haciendo de Demi Moore y al difunto Alex de Patrick Swayze, jugando juntos al Alfanova. Una relación artística y personal que traspasa las fronteras de la vida. Maldita sea, el amor es hermoso. Hasta a la fotógrafa le tiembla la barbilla. No lloró cuando era corresponsal de guerra en Iraq y un niño murió en sus brazos, pero está llorando ahora.
No podemos evitarlo: sacamos la petaca y brindamos por Alex: «Allí donde esté», decimos, chocando vasos con Christina. La cual, por cierto, replica de inmediato: «Ottawa.»
—¿Le enterraron en Ottawa? —preguntamos, confundidos.
—¿Enterrarle? ¡No! Vive allí, con su mujer y sus hijos. ¿No os acabo de decir que aún sigue mi carrera? —En este momento del discurso, insertamos el tintineo de nuestros vasos al caer de la mano.— Me deja sus comentarios en el Facebook, ve mis fotos de las vacaciones... Y de vez en cuando hablo con él. —En este otro momento llaman al móvil de Christina, que absurdamente suena con la melodía de ¡Chas! y aparezco a tu lado.— ¡Mirad, hablando del rey de Roma! Alex, ¿qué tal? ¿Cómo va todo por Canadá? ¡A ver cuándo vuelves, que nos dejaste!
Hablaremos con él otro día. Desde luego, este trabajo te curte. Nuestra fotógrafa acaba de decidir que no volverá a llorar en su vida.