La crucifixión era una técnica de bronceado
La manipulación del Vaticano ha ocultado la realidad: que Cristo subió al Solarium Gólgota por voluntad propia

Todo ese sarao que venimos celebrando esta semana de la traición, el via crucis, la crucifixión y el revenimiento al tercer día está muy bien y viene de perlas para tomar un descanso y ver pelis de gladiadores. Pero, al igual que el Día de Reyes, tenemos que ir asumiendo que se basa en un bulo. No de nuestros padres, sino de la Madre Iglesia, católica y apostólica, que tanto empeño ha puesto en ocultar que Jesucristo fue crucificado para tomar el sol.
Debemos el descubrimiento al arqueólogo Hans Füller, de la Universidad Merovingia, que halló en las ruinas romanas de Amman una sala de baños del siglo I, justo bajo el actual picadero de Rania de Jordania. Los murales mostraban a los centuriones romanos atándose a enormes cruces erigidas al sol, mientras las sirvientas los ungían con aceites y les regalaban viseras de junco.
Tres días después, Magdalena entró en la cripta vacía de Jesús y descubrió que el muy chuloplayas ya estaba en el Mar Muerto, luciendo Tostarricas.
A partir de ahí, las conclusiones se encadenaron solas. «La crucifixión, considerada erróneamente un martirio, era en realidad una técnica de bronceado», razona Füller. Y añade, en tono siniestro: «Lamento tener que sospechar que alguien se ha dedicado a encubrir las pruebas que nos habrían apartado de este error histórico. Alguien interesado en vendernos que Jesucristo se sacrificó por nosotros, no que buscase ponerse moreno.»
La confusión se extiende como una mancha por la historia. Judas no traicionó a su maestro; al contrario, le regaló un vale por 30 monedas de plata en el prestigioso Solarium Gólgota de Palestina. Jesucristo iniciaba así la operación bikini de ese año, que incluía una dieta severa para compensar los atracones de pan y sardinas en el desierto. De ahí el exiguo menú de la llamada última cena: vino y algo de pan, el Biomanán de la época. Tres días después, María Magdalena entró en su cripta vacía y descubrió con gran sorpresa que el muy chuloplayas ya estaba en el Mar Muerto, luciendo Tostarricas.
Pese a la histeria desatada en el Vaticano, este giro en la historia hace de Jesucristo un personaje más cercano y cachondo, si cabe. A Füller, de vacaciones en un resort de Aqaba, no le preocupa haber demolido una religión: «Si aguantaron el embate de Darwin, aguantarán el mío», afirma.