Juran haber visto a Juan Carlos I enseñando el nardo en ChatRoulette
Desgraciadamente, todos caen víctimas de «muerte accidental por francotirador» antes de poder aportar pruebas

El último estado en Facebook de Joaquín Marmaduke, de Albacete, constituye su intrigante epitafio: «No os vais a creer a quién acabo de ver en ChatRoulette.» Antes de que pudiera ilustrar su entrada con una captura de pantalla, Joaquín fue disparado por un francotirador apostado en el edificio de enfrente, detrás del letrero de neón de la Mercería Manoli. Su madre no sale de su asombro: «Mi Joaquín no tenía enemigos. Ni amigos, de hecho.» Un perfil típico del usuario de Chat Roulette.
El caso, sin embargo, no es único. Una epidemia de precisos balazos parece recorrer el mundo entero, disparando (nunca mejor dicho) las cifras de mortalidad entre los internautas. Dos rasgos en común unen a las víctimas: todos ellos randomeaban por Chat Roulette; todos ellos vieron algo que no querían ver. Algunos, a pesar de todo, quisieron compartir su turbación, como es uso en Internet. «Acabo de ver a alguien realmente inesperado mostrando el cimbrel en CR», twitteó Jacinto Pattinson el minuto antes de recibir el disparo fatal. «Su pénix no llamaba la atención, entre tantos otros; pero su cara... Me suena haberla visto grabada en oro... ¡En monedas!», fueron las últimas palabras que blogueó Yésica Padilla.
Mientras tanto, en el Ministerio de Interior son motivo de escándalo las facturas remitidas por Remigio Pongolojo, exmilitar y tirador de precisión, que las últimas dos semanas no ha dejado de cumplir misiones de «limpieza» encomendadas por la empresa El rey de la cama, SL: «Mantas, colchas y coberturas en general», con dietas y kilometraje a cargo del erario público. De hace dos semanas es también la factura de una webcam comprada por la Zarzuela. ¿Coincidencia? ¿Conspiración? ¿Otra cosa que empiece por “co”? Seguiremos investigándolo en cuanto nos hayamos librado de ese molesta lucecita roja que revolotea por la frente de los miembros de la redacción. A esos bromistas del punterito láser les daba yo pal pelo.