¿Quién coño se lee los 50.000 folios de sumario de Gürtel?
Es la segunda pregunta más acuciante que nos asalta, después de «y quién coño los escribió»

La extensión del sumario del caso Gürtel está acarreando problemas informáticos. Y no hablamos de la extensión .pdf, que se carga con las fuentes cambiadas, sino de lo extenso que es: 50.000 folios. Eso, el sumario, que se supone que luego hay que expandirlo. Se conoce que la publicación ya se retrasó debido a la cantidad de hojas para escanear que había; pero es que encima tarda tanto en bajarse que están colapsando las redes del Ministerio de Justicia. Que en ese ministerio ya trabajan con una celeridad proverbial, ¿saben?
A nosotros, sin embargo, la cifra nos despierta la curiosidad: ¿sube a 50.000 folios por aquello de imprimir a doble espacio y por una sola cara, estándar que parece creado por auténticos enemigos del bosque amazónico? ¿Y quién ha llenado tantos folios? Más importante aún: ¿luego se los leen? Porque el Quijote, siendo un bodrio mucho más breve, ya da muchísima pereza, aunque los paleointelectuales de siempre crean que toda España lo tiene leído y asimilado en el ADN. Y dudamos que el sumario ese tenga la garra y el poder adhesivo de una novela de Ken Follett, aunque se parezcan en extensión.
¿No hay una versión resumida, que enumere los datos interesantes del caso (a saber, quién robó, cuánto robó y en qué chuminadas se lo gastó)? ¿No se perderá algún dato crucial entre las últimas 10.000 páginas, que siempre son las que uno recorre en diagonal? ¿No acabará el sumario en manos del becario del tribunal, subrayado en seis colores como hace con sus apuntes de la carrera, en amarillo lo importante, rosa lo más importante y azul para los conceptos?
Lo que nos preocupa más es que, para cuando terminen de leérselo y llegue la sentencia, los culpables ya no vayan a la cárcel por ser de edad avanzada. Que ahí está Millet, el del Palau de la Música, alias «soy un chorizo pero estoy mayor pa la trena». Si alguien se ha currado 50.000 folios, que sirva para algo; que alguien vaya a la cárcel. Ni que sea por la deforestación causada.