¡Garzón, al banquillo!

Se ha dicho alguna vez que la justicia es lenta. Pero no se llega al fondo de la cuestión: no es por pereza burocrática, como las cosas de palacio; la de los jueces es lentitud del metabolismo. Un sosiego vital que les permite, tanto a ellos como a las tortugas de mar o las secuoyas, expandir su vida varios cientos de años. Para los juezosaurios del Supremo, que ya eran maduros cuando Franco aprendía a montar en camello, las últimas tres décadas son poco más que una anécdota. Por eso están en mejor sintonía con Falange y Manos Limpias, que viven aún en el mismo pliegue temporal, que con los defensores de Garzón. Porque Garzón era controvertido y más bien fantasma, ciertamente; pero que le procesen por querer escarbar en los crímenes de una época cruel que los nietos de puta (hijos de aquellos hijos de puta) han decidido unilateralmente olvidar, es digno de una distopía.
Llamamos fachas a los jueces, y nos lo reprochan con razón: porque su pensamiento franquista es síntoma de progresismo en ellos. Podrían vivir tranquilamente en el puto Jurásico, donde nacieron; y sin embargo, viven en 1940 dC. ¡Un respeto!
Y es que lo facha siempre es tendencia en España, nos cuentan Leandro & Guitián en un llamativo bazar de moda esta semana, mientras Oroz resume los cargos contra Baltasar Garzón y Toni nos pone al corriente del otro culebrón judicial, el caso Gürtel. Y tenemos más cosas: Cornellà cubre los curros de difícil cobertura; Igor presenta a los obispos de la semana; y Vergara nos cuenta la guerra o la misión de paz o lo que mierda pase en Afganistán. Todo esto, si no nos procesan por exhumar chistes viejos, este miércoles en El Jueves.