El gilipollas de la semana: El Tribunal Constitucional
Porque sus jueces se mueven menos que Ramón Sampedro en versión Playmobil

Tres millones de causas pendientes tiene ya la justicia española (y ninguna idea para agilizarlas que no implique incendiar los archivos). Tres años ha tenido el puñetero TC para decidir si el Estatut es constitucional o no (y tres años llevan los partidos catalanes lanzando fantasmadas sobre lo mucho que les indignarán los retoques. Huy, qué miedo. Correrá la sangre. Ya me voy poniendo las katiuskas para ir por la calle).
Sí, los jueces sólo son noticia por su lentitud. Tal lentitud, de hecho, que la ciencia está por considerarles fósiles. Su escala del tiempo se mide en miles de años, como las eras glaciales o el movimiento continental.
Ahora en serio, ¿alguien tiene una prueba de que esos jueces estén vivos? Mira que la mitad están con un pie en la caja de pensiones, y el otro pie en el cajón de pino. ¿Alguien ha entrado en ese edificio acristalado y feísimo que sólo filman desde fuera cada vez que la sentencia se intuye inminente? ¿Seguro que los jueces de dentro siguen operativos? Pero ¿alguien les ha visto? Ah, que sí están vivos; que siguen cobrando sus abultadísimas nóminas y dietas puntualmente, todos los meses durante tres años, aunque no se pronuncien. Bueno, nos alegramos. Menos mal. Mucho más tranquilos.