Hasta los cojones de la remontada
Culés, si pretendéis matar al Inter de puro aburrimiento, vais por buen camino. ¡Força Brasas!

No hay materia más pesada en el universo que un hombre convencido de algo y de la necesidad de compartirlo. Un creyente que ve a Dios y se empeña en que tú lo veas; un ateo que ve la verdad e insiste en restregártela por la cara; una hippy que apela a tu conciencia con fotos de niños con moscas o moscas desamparadas; un taxista que confía al pasajero sus claves para arreglar el mundo; un abogado de la marihuana; un azote contra el aborto; un político en campaña; un sudamericano que cree que los marrones de su país interesan a alguien de cualquier otro país; un predicador; un agitador; un opinador; un crítico; un tertuliano; un publicista encocado. No hay nada más latoso que un difusor de fe.
Los culés tienen fe. No siempre; pero desde el martes pasado, cuando el Inter de Milán les metió el miedo en el cuerpo, prensa y club acordaron divulgar un mensaje de esperanza, que el público se ha creído.
Y les felicitamos. En serio. Es bonito creer en algo. Pero si os lo guardarais para vosotros, si la prensa pudiera dedicar una sola portada a otra cosa, si la radio se sosegara, si dejarais de hacer proselitismo en el Facebook, os lo agradeceríamos mucho. Porque los cuatro cínicos que no nos excitamos con una bandera ni profesamos esa religión de dioses multimillonarios, estamos hasta los cojones/ovarios de vuestra fe en la remontada.
Nosotros tendremos la decencia de no gritaros al oído «¡sólo es un puto juego!» cuando el Barça pierda, hoy o mañana. Tened vosotros la cortesía de ahorrarnos este coñazo.