Fracasa el proyecto de urbanización «en primera línea de abismo» porque la Tierra no es plana
La esfericidad del planeta aborta lo que podría haber sido el mayor hito del desmadre constructor

Indalecio del Pufo, creador de fastuosos rascacielos e idílicas ciudades jardín, se define a sí mismo como un soñador. «En concreto, desde los doce años sueño con tener muchísimo dinero, y trabajo con este objetivo.»
A Del Pufo debemos la provechosa edificación de gran parte del desierto de Almería (que estaba aquello abandonado y ahora está lleno de chalés, también abandonados, pero más bonitos) y la construcción de edificios en tan primera línea de mar que varios de ellos, de hecho, están inundados hasta la cuarta planta y legalmente se consideran restos de naufragio. Hay uno, croquetamente, que está tan asomado al mar que ya entra en aguas internacionales, y los inquilinos viven felices fornicando con niños y chutándose heroína.
Sin embargo, el proyecto más ambicioso de Del Pufo ha ido al traste por culpa de un tonto error en su concepción planetaria. Don Indalecio ya tenía los planos y la maqueta de su urbanización «El Borde», de trescientos chalés paralelos en una isla artificial en el Atlántico, al filo de «la gran catarata donde las aguas oceánicas caen al vacío, ofreciendo a los propietarios unas vistas privilegiadas del vacío cósmico y unas puestas de sol de la hostia». Y el otro día, va un arquitecto aguafiestas y le dice que no podrá ser, entre otras cosas porque se descubrió recientemente que la Tierra es redonda y no tiene bordes.
Pese al revés, Del Pufo no se deja desalentar. Sus nuevos conocimientos sobre el sistema solar, cosechados a partir de esa revelación, ya le han dado un montón de ideas: «¿Usted sabía, por ejemplo, que Plutón ya no es técnicamente un planeta, y que por tanto la ley que prohibía expresamente la “especulación interplanetaria” no se aplica?», exclama, frotándose las manos. El sector inmobiliario está de suerte; parece que vuelven los años dorados.