Ligero malestar en Grecia
(Para que no digan que buscamos el titular sensacionalista)

El presidente griego, que tiene la ocurrencia de llamarse Karolos Papoulias, ha admitido que su país está «al borde del abismo». Este parecer, tan catastrofista, nos desconcierta. Los pensamientos negros suelen tenerlos los de la oposición, no los presidentes. Es lo que pasa en España. El discurso del líder de la oposición griega debe de ser ahora mismo: «¡Ande, ande, sagerao, que no estamos tan mal! ¡Anímese, señor Papoulias!»
El caso es que Papoulias tiene su razón: las medidas de austeridad que se imponen en Grecia, exigidas por Europa a cambio de los creditillos de 110.000 millones que pensaban darles, tienen al ciudadano cogido por el gañote. Y claro, la gente se lía a protestar, y acaban por hacerse pupa.
El miércoles, unos manifestantes en Atenas se pusieron a lanzar cócteles molotov a una oficina bancaria, y tres cajeros que estaban dentro se asfixiaron: ¡Mal! ¡Muy mal! No puede ser que la crisis saque lo peor de nosotros, cuando desde el 29 nos prometíamos que el próximo jueves negro saldríamos a comer palomitas tan felices frente al edificio de la bolsa, viendo defenestrarse a los brokers, que son gente que no le cae muy bien a nadie. ¡Esto de Grecia, en cambio, no es gracioso!
Sobre todo porque (seamos honestos), en la fila de países que hacemos cola frente al abismo ese, después de Grecia viene Portugal, y después España. Es el orden inverso al del etiquetaje de los productos Día. Así que agárrense, que vienen curvas.