TimoSoft, fabricante de antivirus, destruida por un virus salido de su propio edificio
Literalmente: un ‘worm’ del tamaño de un Talgo se zampó hasta los cimientos

Fue una imagen digna de peli de monstruos japonesa. De hecho, el monstruo incluso parecía animado en stop-motion. Una especie de ciempiés, de longitud y grosor similares a un tren de carga, brotó de la ventana de la sede de Timosoft, en un desolado suburbio industrial de California, y con sus monstruosas mandíbulas derruyó el edificio y se comió vivos a varios informáticos, antes de ser abatido por el ejército.
Timosoft, empresa de software especializada en antivirus, ha acabado así su meteórica trayectoria desde que naciera (no lo diríais nunca) en un garaje. Eso sí; no a manos de emprendedores adolescentes, sino de un tal Gunter Fückerscheisskopf, inmigrante alemán de cincuenta tacos con idéntica pasión por la informática y el whisky. Prueba de su pericia al teclado fueron las demandas por creación y uso de virus, troyanos y programas nocivos que acumuló hasta el 2000, cuando se reformó y se pasó al lado de los buenos fundando Timosoft, una próspera compañía de antivirus cuya oportuna aparición coincidió, de modo absolutamente casual, con una oleada de malware nunca visto hasta entonces. Timosoft fabricaba y vendía (a un alto precio, por cierto) la vacuna precisa para cada nuevo agente infeccioso, siempre más insidioso y putilla que el anterior. «Los conocemos como si los hubiéramos parido», decía el viejo Gunter, entre carcajadas rotas y tientos a la botella.
Por eso cuesta explicarse el final de esta próspera empresa, o el origen de su monstruoso némesis. Cuentan los testigos de la batalla final que en su último estertor, antes de encajar el missile de grâce, la criatura elevó su rostro de pesadilla hacia lo alto y balbució: «¡P-p-p-padre! ¡¿Por qué, padre?! Ai’ng’ngah’ngaaah! Cthulhu yog-sothoth! Ng’ng’aaaaaaahhh...» (O algo así.)