Entrega la declaración y le sale que le han de regalar la oficina
Hacienda ya no somos todos: es él

Cuando Manolo Bismuto, de Calahorra, entró en la oficina de hacienda a que le corrigieran las comas en la declaración, no imaginó que saldría siendo propietario del edificio. El gestor determinó que, tras 47 años de abnegada contribución a las arcas públicas, y por culpa de una serie de tontos errores acumulados, a Manolo le salía a devolver 407.200,95€, más intereses.
Puesto que esa cantidad superaba el monto disponible en la oficina y el valor de todos los objetos que contenía (ordenadores, mesas, grapadoras y personas), Hacienda resolvió in situ regalarle a Manolo la oficina entera y el suelo sobre el que se erige. Es una medida contemplada en el artículo 230/4 de la legislación fiscal: «Salta la banca.» Que esto fuera un viernes por la tarde y hubiera ganas de cerrar el chiringuito quizá también ayudó.
Por su parte, el afortunado contribuyente ha declarado que le habría hecho más ilusión el efectivo que un vulgar título de propiedad que parece expedido por el Monopoly, pero para sacarle algún rendimiento a la propiedad eximirá Calahorra de impuestos y convertirá la oficina de hacienda en una sala de baile para jubilados. Y mira.