Ingrid, estudiante de Erasmus: «Alguna vez me lié con un español, pero ya no bebo tanto»
¿Qué ganamos nosotros acogiendo a tanto estudiante extranjero? De entrada, la oportunidad de entrevistarlas

Son datos de la Comisión Europea (o sea, de fiar): de los casi 200.000 estudiantes acogidos a becas Erasmus el curso 2008/09, 33.200 vinieron a España. Y eso que hay otros 30 estados para escoger. «Ya, pero en ninguno se hacen las bravas como en este», afirma Ingrid, estudiante sueca matriculada en la Universidad de Gerona.
EJ: Ingrid, tenemos mucho que preguntarte, además de tu número de teléfono. Eres rubia, mides 1,90, eres progresista, culta y hablas cinco idiomas. ¿Qué puede haber de atractivo para ti en el país de José Luis López Vázquez?
Ingrid: Pues sol frecuente, bares baratos, playas...
EJ: O sea que por nuestra oferta académica tampoco es.
Ingrid: Bueno, las bibliotecas vacías son otro punto a favor. Por eso España es el punto de reunión de estudiantes de toda Europa. De ahí las fiestas de Erasmus, donde se liga que da gusto.
EJ: ...Con otros Erasmus.
Ingrid: Sí, claro. A lo mejor alguna vez me lié con un español, pero ya no me drogo tanto.
EJ: Vale, en resumen: venís básicamente a estar de parranda todo el día; y curiosamente, somos de los pocos países que acogen más estudiantes de los que envían fuera. ¿Qué compensación recibimos por ello?
Ingrid: Hombre, está claro: ¿sabéis lo que aumenta el nivel de una promoción universitaria con un solo estudiante del norte de Europa? Dominamos más vuestra ortografía que vosotros mismos; del inglés, ni hablamos; y sacamos mejores notas borrachos que vosotros sobrios. Somos la ginebra del cubata. Sin nosotros, seríais hielo con tónica. Y desbravada.
EJ: Dios, nos estás dando mucha rabia, pero no tenemos argumentos con los que rebatirte. ¿Podemos limitarnos a contemplar tus interminables piernas en admirativo silencio?
Ingrid: Sólo 10 segundos; tengo discotecas a las que ir.
EJ: ¡Yupi!