Elegí un mal día para dejar de ser español
Disfrutadlo: es el primer día en años que los patriotas pueden sacar pecho (rojo) por el mundo

Lo veníamos diciendo: los del Tribunal Constitucional se dieron demasiada prisa. Hubieran sacado la sentencia hoy, en la resaca del Mundial, y se habrían ahorrado los reproches de media Cataluña, que hoy está ebria de felicidad. Por muy catalán que seas, si eres futbolero, hoy viene el TC, te sodomiza, y te da igual.
¿Es esto coherente, a escala catalana? Es más: ¿es racional, a escala española? Probablemente, no. Pero, maldita sea, nos merecemos esta breve alegría. «Es pan y circo», grita la conciencia del pueblo. Pues vale, pero es circo del bueno, por una vez, en vez de ese circo lamentable de los payasos del Congreso.
Y qué demonios. Incluso admitiendo que pertenecer al mismo país que una selección ganadora de futbolistas multimillonarios no es motivo de orgullo, tampoco es motivo de humillación (pero nos humilla) vivir en el país del corrupto impune, del político inútil y del ricachón que ve pasar la crisis mientras se rasca las islas Caimán.
Llevamos años coronando los ránkings de todo lo malo; estamos en la zona de descenso del primer mundo; somos la oveja negra del G-20; somos el primo tonto de la UE; tardaremos tanto en salir de la crisis como tardamos en reconocerla cuando la teníamos en los mismos morros; nuestro paro da gozo verlo, y nuestro cine apesta. Esto último era un poco gratuito, pero me apetecía decirlo. Si pensar en todo eso os amarga el día, entonces tenéis derecho a que os lo endulce haber ganado el Mundial. Felicidades.
( Os recordamos que hay premio para el mejor comentario, y estamos mirando. Esmerarsus, leñe.)