Esta semana, en «El Jueves»
Chorizos al fresco

A quien, leyendo las biografías de nuestros ilustres corruptos, no se le ponga cara de gilipollas, será porque la traía puesta. Todas las historias de grandes chorizos ibéricos —los de la costa mediterránea gozan hoy de especial renombre: Camps, Fabra, Millet, los pretorianos— tienen final feliz, y si no hay banquete de perdices es porque la caza menor es de pobretón. ¿Ingresar en la cárcel? No, claro, para eso se inventó la fianza. ¿Devolver lo robado? Bueno, la fianza ya contaba, ¿no? ¿Pagar de algún modo por los crímenes cometidos? Oigan, bastante tenemos con la penosa reinserción social: miren al pobre Mario Conde, que ha tenido que volver a empezar de cero: de presidente de Banesto a humilde colaborador de Intereconomía. Suerte que, en su dura vida de (¿ex?)delincuentes, el verano, que es para todo el mundo, les da un respiro. Así hemos podido ver a Julián Muñoz en un reportaje del Interviú, en un yate de alquiler de los de 1000€/día. Y en la siguiente página, los jueces se quejan de que le hemos perdido respeto a la profesión. Miren, a los jueces no sé, pero la justicia ahora mismo nos parece una puta heroinómana coprófaga de diez años. Y gente así, probablemente, tenga más dignidad que este país de mierda. (Ya ha pasado la euforia mundialística, ¿verdad? ¿Podemos volver a admitir que España es una puta mierda?)
Sí, amigos: el chorizo ibérico, especie animal protegida, es lo que nos cuenta esta semana Pedro Vera. Y además, los controladores aéreos, que no es que hagan huelga, sino que como empatizan mucho se ponen enfermos todos a la vez, un poco como las mujeres que sincronizan la regla; nos lo cuenta López Rubiño. Y además, la separación de Bono, por Guillermo; famosos contando chistes, por Cornellà; y ¿cómo será España cuando los adolescentes de ahora sean adultos?, se preguntan Morán y Bustos. Todo esto, más una guinda universal de Rubén Fdez., este miércoles en El Jueves.