El gilipollas de la semana: Mel Gibson
Por soltarle a su mujer perlas del calibre de «si te viola un grupo de negros, va a ser culpa tuya»

Mel G. --tiene nombre de Spice Girl, pero en realidad es un actor que ha pasado por mejores décadas-- está pasando por una mala racha con reminiscencias a lo Charlton Heston. Él también fue actor épico, icono del cine religioso y maduró (mal) hasta convertirse en un integrista americano, de los que uno se imagina en calzoncillos y batín en el jardín de su casa, esgrimiendo una escopeta en una mano y la cerveza en la otra, defendiendo su pequeño pedazo de América de los comunistas, los homosexuales y otras amenazas al mundo libre que Dios le ha dado.
Después de pasar con notable éxito su primer juicio por conducción ebria y comentarios judeófobos, allá por 2006, Mel ha dado un nuevo paso en el hundimiento de su carrera al hacerse públicos los insultos y vejaciones que le dedicaba a su esposa, la cual asegura que también ha recibido más de una torta. El escándalo se arremolina, una vez más, en torno de aquel a quien peor le sienta: el cristiano proselitista dándole palos a su señora. ¿Para eso hacía pelis moralistas y revuelveconciencias (y revuelveestómagos) como La pasión de Cristo? ¿Para ver si salía peor parado Cristo o la señora Gibson? En fin, muchacho: toma el Gilipollas de la semana, aléjate de tu mujer, o de las mujeres en general una temporada, y espérate unos años hasta que te redescubra el Tarantino, que es lo suyo. Y si no, pues oye, ya nos quedaremos con Braveheart, chato.