«Dicen toros, pero es España»
La prohibición de la Fiesta en Cataluña tiene también una lectura política. Y es incluso más soporífera que la literal

Titulaba el editorial del ABC del miércoles: «Dicen toros, pero es España.» Bueno, de momento, Cataluña ha prohibido los toros. No se echen las manos a la cabeza. Sobre todo, porque si se las echan muy rápido, se las van a ensartar en los cuernos.
Pero sí, ha pasado: el Parlament ha dado la razón a los prohibicionistas, así que las corridas en la Monumental tienen los días contados. La estocada al sector turístico ya es una realidad. El daño económico, ya está hecho. El toro, en principio, está a salvo y bien, gracias. Ah, y nuestras conciencias democráticas, después de haber prohibido una tradición por nuestros cojones, pues... Bueno, sobrevivirán. Sobreviven a paradojas más gordas.
Pero por si este debate no fuera bastante denso/rico/tedioso/cansino (que lo es), la lectura política está a la orden del día. Algunos dicen que la prohibición es oportunista, un desquite de Cataluña por el agravio burocrático contra su Estatut (4 años para que te digan que no eres una nación, es para prenderle fuego a la ventanilla, eso es cierto). Bueno, lo de oportunista es discutible: hace ya años que se viene discutiendo si no habría que proteger al pobre toro de estos románticos castizos y su ritual de tintes neolíticos; no es cosa de ayer. Hace incluso más años que de lo de llevar el Estatut al TC. Y mira que de eso hace tiempo. Creo recordar que lo llevaron en un triceratops mensajero.
Lecturas como la del ABC nos ponen los pelos de punta: según su editorial, el bien del toro es «una coartada»: la prohibición «es una forma de limpieza cultural para convertir en extraño cualquier vínculo con lo español». Parece mentira, llevar toda la vida en Cataluña y tener que leer un diario en Madrid para enterarte de que, por hablar castellano, estás siendo víctima de una limpieza étnica. Gracias, ABC, por abrirnos los ojos. Ah, y gracias por imprimir el diario en este papel tan absorbente. Nos vino estupendo cuando leímos vuestro editorial en el cagadero.