El gilipollas de la semana: El Rey
Por pedirle cosas al apóstol Santiago que podría ver cumplidas con una llamadita

A ver, vamos por partes: en general, Su Majestad no tendría que ir pidiendo cosas a los santos. Que sí, que los santos son de todos; pero es una cuestión de prioridades. Primero va a Lourdes un ciego para que le curen lo suyo; luego el Rey, con deseos sin duda bienintencionados, pero que, francamente, son del estilo Miss España: «Pues quiero que haya paz y prosperidad y esas cosas que empiezan por pe en todo el mundo y en las galaxias de fuera, ¿no?» Ahora imagínese que la pobre virgen de Lourdes se agobia y se pasa el resto del año intentado realizar las vagas esperanzas de Su Majestad; y mientras tanto el pobre ciego, que ha pedido algo sencillísimo, pero de primero de básica de milagros, se queda sin ver. ¿Hay derecho?
Pero es que luego está lo de la naturaleza de los deseos: que «ilumine a nuestras autoridades políticas» (LaInformación.com) y que «fomente todo aquello que nos une y nos hace más fuertes (...) y que hace de España la gran familia unida, al tiempo que diversa y plural» (ABC). Discurso que, sobra decirlo, la prensa ha celebrado con atolondrados elogios a la omnisciencia real: «¡Oh! ¡El rey sabe que España pasa por un mal momento! ¡Qué agudeza! ¡Nada se le escapa! Y mira cómo se lo hace venir bien para colarlo en el discurso. ¡No sabe nada, el puta! Hala, ¿le llamas puta? No, bueno, pero puta con admiración. Ah, vale.»
A ver, Majestad: ¿eso son cosas que usted deba pedirle al apóstol? ¿Que «ilumines a los políticos»? ¿No tiene teléfono en su despacho? ¡Llame a esos politicuchos que van cortos de luces y que se pongan las pilas! ¿No tiene mesa? ¡Arréele un puñetazo y diga que España es una e indisoluble, cojones! ¿Qué se piensa, que le van a llamar metomentodo? ¡Pero si es usted el rey! En primer lugar, tiene derecho a levantar la voz. En segundo, ningún periodista tendrá huevos de llamarle facha. Y en tercero, mejor que te llamen facha que te concedan el Gilipollas de la semana por molestar al Apóstol por tonterías. (Y por cierto: el Apóstol son los padres. Hala.)