Muere en extrañas circunstancias el inventor de las herramientas silenciosas
Existen sierras radiales que NO hacen un ruido infernal... ¡Pero ‘ellos’ no quieren que se sepa!

El editor creía que el titular no tenía bastante fuerza, así que hemos buscado una foto que acabase de atraer al público. No hemos pensado en la audiencia femenina porque sabemos que ellas no juzgan un artículo por su superficie.
El pasado domingo 8 fue hallado muerto en su domicilio de Santander el ingeniero J. C. Puñeflas. La policía, en una desconcertante rueda de prensa, trocó su teoría inicial de asesinato en primer grado por la de muerte accidental, asegurando que Puñeflas «se clavó a sí mismo seis brocas, se serró un brazo y se alicató el escroto sin querer».
J. C. Puñeflas es el titular de patentes para invenciones tan dichosas como una sierra radial súper silenciosa, un martillo ninja capaz de demoler paredes enteras sin superar los cinco decibelios, y un taladro cuyo sonido imita perfectamente al de una lluvia primaveral en un bosque de acacias. Las obras sin molestias eran su sueño y su fantasía.
Sus inventos, sin embargo, nunca llegaron al mercado, obstaculizados (según rumores) por oscuros poderes fácticos. Puñeflas confesó recientemente a la revista especializada Bricolaje sigiloso que el sindicato de la construcción no veía con buenos ojos sus inventos. En la misma línea, el portavoz vecinal Mamerto Chona fue más allá al asegurar que los albañiles, sádicos por naturaleza, obtienen un retorcido placer sexual al despertar a una manzana entera a las ocho de la mañana para luego parar para el desayuno a las nueve. Literalmente, Chona fue «más allá» con estas declaraciones: dos días después de hacerlas, falleció por «ingestión accidental de treinta kilos de cemento Portland», según la policía.
Federico Garfúnkel, redactor de Bricolaje sigiloso, ha asegurado que «algo huele a podrido en Dinamarca». Y que, en cuanto acabe de poner silicona en las fugas del alcantarillado de Copenhague, vendrá a ver lo de los asesinatos estos.