Confunden una sucursal de Correos en agosto con una fosa común
«Entré, vi a todo el mundo tumbado e inmóvil y pensé: ‘Maldita guerra, cuánto daño hiciste’», explica el descubridor

Ya es normal que en agosto se reduzca la actividad en las oficinas, pero la sucursal de correos de la calle Pintor Guedejas, en Cerdanyola del Vallès, estaba tan muerta, con perdón, que varios especuladores se habían interesado ya por el solar, creyendo abandonado el edificio.
La confusión aumentó cuando los Wofflington, flemático matrimonio anglosajón que suma 120 años entre ambos cónyuges, de vacaciones en la perla de Cataluña, entraron en la estafeta a enviar unas postales a sus amigos de Sussex. Tal fue su shock al encender las luces (apagadas para ahorrar energía) y descubrir a los ociosos empleados en estado de aparente hibernación, desmayados en sus sillas, tendidos en el mostrador o volcados sobre las sacas de correo bancario, que los Wofflington, de antiguo interesados en la historia y cultura españolas, creyeron haber penetrado en una de las típicas fosas comunes que la Guerra Civil legó a nuestra geografía.
El embrollo no se aclaró hasta las tres de la tarde, cuando, acabada la jornada intensiva, los presuntos cadáveres se levantaron para irse a sus casas justo cuando el historiador Ian Gibson, convocado por los arqueólogos, se disponía a determinar a qué bando pertenecían. Los Wofflington se mostraron decepcionados por el desenlace imprevisto: «Esperábamos que nos regalarían uno de los cuerpos de souvenir. Me habría encantado un soldadito republicano para ponerlo sobre el salón comedor. Unos amigos nuestros tienen una folklórica sobre la tele, pero es tan provinciano...»