El islam NO es el demonio. Pero los imbéciles se acercan
El planeta, en vilo por un pastor que pretende hacer una pira de coranes el 11-S

Nos encontramos ante la prueba de que la imbecilidad es peligrosa. No sólo para el imbécil en sí, que juega a saltar de la vía cuando el tren se acerca, sino para toda la comunidad. A una escala mayor de lo que imaginamos. Hoy, todo Occidente y parte de Oriente está pendiente de un solo imbécil en Gainesville, Florida, líder de una insignificante iglesia de palurdos fanáticos que, desde su humilde púlpito, la van a liar parda. Nen.
Terry Jones (no el Monty Python, sino el imbécil) era un predicador católico con la cabeza llena de mierda parabíblica. Nada nuevo: ¿cuántos políticos, cuántos locutores, cuántos obispos encajan en ese diagnóstico de septicefalia? Muchos. Así que le dejaron seguir con su discurso ultraconservador, demonizando el aborto, propugnando la homofobia («no queremos un alcalde gay», clamaba la pancarta que el imbécil colgó en su iglesia), alimentando su paranoia del Islam que quiere invadir los Estados Unidos... Y sí, cierto, no hizo mucho daño: su eslogan «El islam es el demonio» sólo atrajo a otros 50 imbéciles de la localidad, más o menos... Pero la nueva iniciativa de estos imbéciles —quieren quemar una montaña de copias del corán para celebrar el 11-S, el Burn a Koran Day— podría desencadenar un conflicto internacional.
Aparentemente, nadie puede prohibirle al imbécil que haga su hoguerita. La Primera Enmienda le protege. Sólo podrían frenarlo argumentos ponderados, pero el imbécil ya ha superado la etapa de escuchar cosas racionales. La UE, el Vaticano, la ONU, varias congregaciones musulmanas le han pedido que desista amablemente. No ha servido de nada. Ha recibido diez amenazas de muerte. Ha servido para que se compre un arma. Ahora es un imbécil con pistola: ¡qué buen día para visitar Guatapeor!
Todos deploran al imbécil, sí; pero cuando cometa su imbecilidad, si lo hace, varias personas, identificando al imbécil como tal pero desprovistos de muchas luces ellos mismos, prometerán represalias. Y los imbéciles hablarán por encima de la razón, eclipsando la era de las luces.
En fin. El remedio habitual para subvertir la tiranía de la ignorancia era: leed libros y hacedlos leer. Habría que añadir: leed varios. El mismo muchas veces no vale.