Tijeretazo en la Zarzuela (en el sentido no-lésbico del término)
En 2011, les tocará apretarse aún más el cinturón... ¿Hasta cuándo podrán aguantar?

En 2009, les recortaron el presupuesto. En 2010, se lo congelaron. Y ahora, en 2011... ¡se lo vuelven a recortar! Así es la vida en la Zarzuela: un larga caída hacia el abismo al ritmo que marcan los caprichosos presupuestos del estado.
El drama empezó con aquellas medidas de austeridad ejemplares que adoptaron en verano de 2009, cuando se veía que la crisis iba en serio, para que el pueblo llano viera que también los reyes (que ¡oh!, son humanos) se apretaban el cinturón. Sí, aún nos partimos el culo recordando lo de ahorrar en la compra de limones pasando a usar los que da el limonero del jardín, y les juramos por Dios que esto salió de la sala de prensa de la Casa Real; busquen en sus hemerotecas...
Cierto, ya entonces en El Jueves hicimos la broma típica del Rey pidiendo en una esquina y esas cosas ingeniosísimas que nos salen cuando nos ponemos originales. Pero es que si, después de aquel tijeretazo y el rasurado de 2010, nos empeñamos en darle otra pasadita en 2011 (esta ya con una Silk-Epil, de esas que dicen que no duelen y no duelen los cojones), no diremos que la realidad superará la ficción, porque dudamos ver al Rey dando el mensaje de navidad desde un comedor social; pero nosotros, que con nuestra manía de exagerarnos siempre vamos un par de presupuestos adelantados, nos repetiremos. Y eso nos jode.
¡Basta de recortarle el presupuesto a este hombre! ¡Así nunca dejará de ser un buenazo, y el cliché ese del rey campechano ya lo tenemos gastado de tanto usarlo! Nosotros pedimos al Congreso que ofrezca barra libre a la Casa Real, crédito ilimitado, y que por fin Su Majestad pueda costearse el capricho de convertirse en un excéntrico genio del mal a lo James Bond y montarse una base submarina y un ejército de robots. Para poder decir algo nuevo de él.
Luego nos quejamos de que la monarquía es una institución anacrónica. ¡Pues démosle dinero y dejémosla evolucionar! ¡Soltémosles un poco la correa, leñe!