Encarcelado Rodolfo Targa, el primer crítico de tetas
Su especialidad nunca fue comprendida por la elite cultural... ni por la policía

A lo largo de su vida profesional, Rodolfo acumuló 766 denuncias por acoso sexual. Le llamaron sátiro, degenerado, palpafruta de Mercadona. Ni el público ni la academia ni el juez entendieron que sus magreos a desconocidas no respondían a un primitivo impulso sexual, sino al refinado esprit de un artista adelantado a su tiempo.
Hoy, Rodolfo inicia un largo e involuntario hiato en su carrera. Por orden del tribunal, el mundo será privado de cinco a ocho años del pionero talento del primer crítico de tetas.
Como la belleza inspira al artista, Rodolfo Targa, antaño un crítico de cine corriente, sentía el impulso de elogiar y glosar las obras de arte que, en cualquier excursión urbana, asomaban por doquier al encuentro de su ojo experto. Cómo resistirse a ensalzar la obra mayor de la creación: «Las delicadas composiciones que la Naturaleza cincela en el tórax femenino».
Sus meticulosas inspecciones visuales no pasaban desapercibidas para sus involuntarias musas. Tampoco para sus acompañantes masculinos, novios, maridos o padres. En esas circunstancias, el examen táctil suponía un riesgo altísimo, que el porfiado Targa, sin embargo, afrontaba en pos del arte.
Sus más tempranas experiencias marcaron la pauta de la reacción con la que el artista maldito se encontraría toda su vida: rechazo, gritos, dolorosos rodillazos. Nada de eso le disuadió: «Van Gogh, Rodin, Lawrence, todos los que amenazaban el conformismo del stablishment fueron recibidos con miedo», escribió una vez. Curiosamente, sin embargo, el juez ha considerado que lo que Targa amenazaba era el orden público.
Tras su jornada contemplativa, despistados sus perseguidores y curadas sus heridas, Targa publicaba sus incisivas reseñas en su blog personal, ElMamellógrafo.com. Bajo títulos descriptivos —Dependienta malaspulgas del Corte Inglés, Perroflauta buscona en la Plaza del Bazo, Ejecutiva muy agresiva en el centro— y empleando una madurada terminología, se comentan orografías, formas, tamaños, color y circunferencia de la aureola («Marbú tostada», «elipse rosé»), estilo del pezón (cúpula, champiñón, dedal, neogótico, blando, aplastado), y textura en una escala de 27 estratos entre «flan Dhul» y «melón verde».
Sin olvidar sus orígenes cinéfilos, Targa recopilaba también material de su afición al cine español, centrándose (más todavía) en las glándulas mamarias de las actrices. Es célebre su reivindicación de las domingas de Maribel Verdú, de quien escribió que, como Woody Allen, «no tiene días tímidos, sino obras menores».
Para algunos (pocos) defensores de su trabajo, Targa es un alma demasiado sensible que nació en el siglo equivocado. La portavoz de la asociación feminista HLO (Hasta Los Ovarios) opina que más sensibles al dolor son los pezones de las ochocientas mujeres asaltadas por Rodolfo, pero está de acuerdo en lo del siglo equivocado: «Su método de aproximación al sexo opuesto es más propio del Paleolítico.»
El blog, por desgracia, quedará huérfano de un último artículo que Targa no llegó a escribir: el dedicado a la fiscal que pedía tres años para Rodolfo y acabó pidiendo veinte y la castración química y física después de que el crítico dictaminara que su generoso escote era «todo andamiaje y fantasmagórica esencia.» Una vez más, el genio fue injustamente abatido por el rencor de los mediocres.
Sólo cabe esperar que la cárcel no baste para aplacar al indomable esteta —ja, ja... esteta, porque... perdón—. Quizá sus compañeros de encierro, almas sensibles marginadas bajo su apariencia de rudos pendencieros, sean más comprensivos con su método.