El tobillo de Messi eclipsa el mundo (de lo inflamao que está)
2010: el año de los 250.000 muertos en Haití, y de la lesión de Leo. ¿Avisó Nostradamus de esto?

El tobillo de Messi se hinchó tanto como el globo de chiclé que hace el chaval en la foto.
Esta mañana, en el bar de la esquina, dos parroquianos hablaban de una distensión de ligamento deltoideo derecho de grado 2 que podía afectar a la tibia. ¿Traumatólogos del Clínico, tal vez? ¿Investigadores de medicina? ¿Un casual encuentro entre premios Nobel? Pues no; eran el kiosquero de Gran Vía y un trapero que vive de rebuscar en las basuras, comentando la lesión de Messi.
Y es que, si el incidente en sí no bastase para conmocionar a toda la población de Barcelona (en el sentido literal, no como cuando Piqueras dice «conmoción en Valencia» por un quítame-allá-ese-puñal y Valencia está de vuelta de todo), la prensa deportiva se había encargado de magnificarlo a una dimensión desbordante. Literalmente: los medios escritos se las han visto y deseado para intentar encajar en sus insuficientes páginas la avalancha de datos, análisis, imágenes, secuelas, reacciones, opiniones, debates —«Ujfalusi: ¿pena de muerte, o están justificadas las torturas?»— y demás muestras de histeria que ha generado un tobillo roto. Perdón: que ni siquiera está roto.
Pero ese tobillo inflamado ha eclipsado toda actualidad deportiva y, por qué no decirlo, de cualquier otro ámbito. Si un terremoto barriera hoy de la faz de la tierra algún país del tercer mundo, difícilmente podríamos hacer hueco en el informativo a sus cadáveres, que, francamente, nos importan menos: ¿el tobillo del crack contra 200.000 haitianos? A juzgar por sus artículos, los redactores de la prensa catalana lo tienen claro: ¿Alguien sabe dónde está Haití? ¿Ha dado Haití algún futbolista notable? ¿Tiene Guardiola el nombre de algún haitiano fichable en un postit en la nevera? Pues que bailen los sismógrafos, qué caramba.