El gilipollas de la semana: el gobierno chino
Por celebrar el Nobel de la paz del disidente Liu Xiaobo ocultando la noticia... ¡y arrestando a su mujer!

China responde hoy a ese modelo de estado represor e hipócrita que veíamos en las distopías socialistas y en la URSS de Stalin, pero en la actualidad. Para que cuando las nuevas generaciones lo lean en una novela de Orwell puedan hacerse a la idea: «Ah, es como China pero sin la historia milenaria, vale».
Y le agradecemos que sea así. Porque es difícil tomarse en serio ese modelo caricaturesco de país; es muy difícil seguir ciego ante esa enorme ironía, del tamaño de la Gran Muralla; es un esfuerzo titánico seguir representando en pleno siglo XXI ese arquetipo anacrónico de la maldad del comunismo, la estupidez de la dictadura y la mezquindad del control de la información. Sí, varios países africanos e Israel podrían encarnar el mismo papel, pero les tienta la modernidad. A China, no. China sigue siendo un villano de peli de James Bond (de las de Sean Connery), por nosotros. Por que no falte un país así en el planeta.
Y cuando a aguafiestas como Liu Xiaobo les dan el Nobel de la paz por su denuncia de este régimen, se rompe el embrujo. Pues claro que China es un país nefasto, Liu; pero países nefastos ha de haberlos, y si no son el nuestro, mejor. ¿No los aceptamos, no hacemos negocios con ellos, no asistimos a sus Juegos Olímpicos? ¡Nos mola que vuestro país sea el ojete! ¡Viva y bravo!
Suerte que el gobierno chino ha hecho lo que todos esperábamos al recibir la noticia: censurarla, amenazar con represalias e imponer arresto domiciliario a la señora de Liu, que fue a comunicarle el premio a la cárcel. Suerte que sus autoridades velan por seguir encarnando el mal a toda costa. Gracias por ser como sois.