El gilipollas de la semana: Javier León de la Riva, alcalde de Valladolid
Por comentar que los «morritos» de Leire Pajín siempre le hacen «pensar en lo mismo». ¿Es que deberías coserte los tuyos, quizá?

Una vez al año, en plan elecciones primarias, los Populares deberían montar una votación para elegir al mejor truño de su partido. Estaría reñido. El truñismo (no como cualidad o defecto; digamos, como estilo de vida) está muy presente en sus escaños. En cierto modo, se entiende que una actitud chulesca, paternalista y machistorra de las de Manolo calentando vaso de tubo en la barra del bar es consecuente con el voto popular, e incluso bienvenida en las filas del partido. Muchos de sus líderes más carismáticos siguen esa religión (Camps, Fabra, o Aznar, rey y dios de los cojoncéfalos).
Pero el perfil arquetípico del truño pepero (básicamente, el de mona vestida de Armani) eclipsa a otros truñistas que, sin militar, caen de vez en cuando en la tentación del comentario testosterónico o se despojan de su habitual honorabilidad para una refrescante zambullida entre los parásitos de la bodega Hnos. Póllez.
Miren a Javier León de la Riva: alcalde de Valladolid desde 1995, casado, tres hijos, doctor en ginecología y obstetricia (que se dice pronto; de hecho, no, ni siquiera se dice pronto: intenten decir obstetricia tres veces muy rápido)... ¿Creen que esto le ha impedido soltar que la nueva ministra de Sanidad, Leire Pajín, es «una chica preparadísima, hábil, discreta, que va a repartir condones a diestro y siniestro por donde quiera que vaya y que va a ser la alegría de la huerta», y que «cada vez que le veo la cara y esos morritos pienso lo mismo»? No; su educación, sus títulos y el respeto a la mujer que debería venir con especialidad médica no se lo impidieron. Esto es hacer méritos. Y mientras sus colegas del PP no reconozcan su valía, nosotros ya le damos el Gilipollas de la semana, para que lo ponga junto a los trofeos de futbolín. ¡Olé!