Kristian, de ‘Bricomanía’, enseña a terraformar planetas
«¡Es fácil, amigos!», exclama tan pancho mientras planta unas petunias en la superficie de Mercurio

El presentador y manitas, creando una atmósfera respirable con una Black & Decker. Todo consiste en usar la herramienta adecuada.
Kristian Pielhoff ya está agotando el repertorio de chapucillas domésticas con las que llenar su programa. Por suerte, su talento y voluntad nunca son freno para empresas más peliagudas que el ya superado estante de las especias, la barbacoa de jardín o la piscinita olímpica. Y así fue que la semana pasada, en Bricomanía, pudimos verlo terraformando el planeta Mercurio sin más ayuda que martillo, clavos y los muchos accesorios de su fiel Black & Decker.
«¿Quién no tiene un planeta, un satélite o incluso algún meteoro del cinturón de asteroides que está ahí, tirado por el espacio, incapaz de albergar vida humana?», preguntaba Kristian en el sumario. «¡Con lo bonito que estaría con su atmósfera respirable, su fuente de agua y su vida vegetal y animal, listo para cuando queramos escaparnos un fin de semana, o para salvar a la humanidad cuando la Tierra implosione!»
Como siempre dice Kristian, todo es ponerse. Y ni corto ni perezoso, el tío partió a Mercurio en una aeronave prestada de la NASA, aterrizó en uno de los polos (abrigándose con un jersey de los gruesos antes de salir de la nave) y se puso manos a la obra: «Hay que aprovechar que está oscuro, porque aquí, a mediodía, cae un solano de petar las piedras.»
Ante la cámara manejada por su copiloto (otro vasco, sobra decirlo), el tío perforó hasta los 600 metros de profundidad para hallar la capa de hielo cuya existencia los científicos meramente sospechaban. «Si en vuestro astro no hubiera agua, tendríamos que construir una campana para hacer una atmósfera artificial. Pero, habiendo hielo, yo usaré esta maquineja de electrólisis que me monté yo mismo el otro día.» Y en un pispás, Kristian fundió el hielo submercuriano y el oxígeno salió a presión, abriendo cráteres en la corteza del planeta, a la manera de Desafío total.
Gracias a la rápida expansión del oxígeno, Kristian pudo terminar el programa sin escafandra, en su atuendo de jardinero, estrenando las posibilidades de vida vegetal. «Las plantas silvestres ya habrán brotado para cuando volvamos un puente de estos, pero mientras, vamos plantando unas petunias, que hacen bonito y aguantan bien los 500 grados Kelvin. ¡Ya lo veis! », exclama, bromeando con la voz apitufada que causa la aún baja presión. «¡Es fácil, amigos!»