De la gmnésica serie «El Jueves investiga: ¿Qué fue de...?»
Hanson: «Mmmmecagonlaputa, ¡otro gallo!»

Observen la evolución: de niño a mujer y a hombre. Y aquí, acababan de empezar el largo camino hacia la virilidad.
Dentro de la categoría de boy-bands, los grupos de hermanos (los Jonas, los Moffatt, los Hanson) cubrieron una amplia demanda de fantasías sexuales de adolescentes. Zachary, Taylor & Isaac Hanson (11, 13 y 16 años cuando habitaban las páginas del Súper Pop) parecían un diagrama evolutivo de los machos de su familia: de niños rubios y adorables (Zac) pasan a púberes que se feminizan por momentos (Taylor), para por fin ingresar de pleno en la colección de efigies no particularmente tiernas de los Hanson de Tulsa, Oklahoma (Isaac).
Eso era en 1997, claro. Cuando nosotros les vimos en el club de country y motel de Schizo Joe, entre los vítores y disparos al aire de una enloquecida masa de camisas a cuadros y vaqueros recortados de la California rural, los tres miembros de Hanson, a la batería, la guitarra y el Hammond, habían alcanzado ya con creces la fase tres.
Y lo peor es que el camino no se detiene ahí. La mutación sigue su curso. Isaac, el mayor, a sus 30 años, apenas puede contener las riadas de virilidad que la genética empuja hacia su organismo. Sus intentos de preservar el candor juvenil son inútiles. Se obliga a poner voz de falsete en pos de la harmonía con sus hermanos, pero, si se descuida, ¡pum!, un gallo por abajo: su voz cae diez octavas en picado y la siguiente nota es tan grave que las vacas del establo se giran hacia el escenario.
«Es un coñazo», admite Isaac Hanson cuando bajan del escenario para tomarse un descanso y un zumo de arándanos. Su voz natural, no impostada, hace vibrar el suelo. «Tengo que afeitarme ya tres veces al día. Por no hablar de la depilación corporal: ¿ustedes sabían que se puede desarrollar inmunidad al láser? La testosterona lo puede todo. Ahora ya me hago el pecho y la espalda con rayos gamma.»
«Pero es inevitable», se resigna Taylor. «Tarde o temprano seremos como papá.»
Señala a una mesa del rincón, desde donde nos saluda un orondo señor con sombrero de cowboy, gafas de sol y una densa barba interrumpida solo por la blanca sonrisa. La verdad es que le habíamos visto antes, pero le habíamos confundido con un oso grizzly.
Durante un tiempo, cuando la familia Hanson vivía atónita el éxito desmesurado de sus hijos adolescentes, consideraron convertirse en una especie de franquicia. «Papá pensaba seguir engendrando hijos que se unieran al grupo a medida que los mayores lo abandonaran por el otro lado», explica Zac.
Pero la suerte no respaldó ese plan: los dos siguientes fueron niñas, el tercero no se definió hasta los quince años (y acabó inclinándose por niña), y luego papá Hanson tuvo aquel desafortunado accidente con el toro mecánico, tras el cual, el médico que le atendió sólo pudo decir: «Hanson, dese por vasectomizado.»
«Ahora hemos desistido de esas locuras», repone Zac, conciliador. «Cuando hayamos hecho el cambio, cambiaremos de género. Podríamos hacer covers para los ZZ Top, sin necesidad de barba postiza. ¿Sabíais que siempre andan buscando suplentes para que toquen en su lugar mientras ellos atracan bancos?»
(Sí, lo sabíamos. Ya entrevistamos a los ZZ Top, y nos robaron las carteras. Todo empieza a encajar. El QFD también está madurando.)