Catástrofe en Abu Dhabi
Fernando pierde el Mundial, pero no tiene la culpa (él sólo conducía)

Por si no sois muy duchos en la F-1, ese pseudodeporte/carrera tecnológica en que, cuando se gana, es porque el piloto es un semidiós, y cuando se pierde es porque el coche apesta, os resumimos lo que ha ocurrido este fin de semana: Fernando Alonso, luz e inspiración de España toda, compitiendo en Ferrari, equipo modelo de la disciplina, se ha comido una mierda en el Mundial. Ya lo ven. Nosotros tampoco salimos de nuestra sorpresa.
La final se decidió en el torneo de Abu Dhabi, en los Emiratos Árabes (un poquito de geografía nunca viene mal), y a toro pasado, los habituales sabelotodo parecen de acuerdo en que la inesperada derrota se debió a un error de estrategia. Se ve que Ferrari se centró en marcar al rival más probable, Webber, y descuidó a Vettel, del Red Bull, que se llevó la carrera con tanta ventaja que, en la puntuación total, adelantó a Alonso y se llevó el Mundial.
Pueden imaginar las reacciones: la prensa italiana carga contra la Scuderia, el Corriero dello Sport dice que Alonso «se ha hecho el harakiri», y hay un ministro italiano por ahí pidiendo que rueden cabezas. A lo que Ferrari ha replicado: «¿Qué cabezas, de lluvia o de pista en seco? Para que rueden mejor, si eso.»
Y en España, pues bueno... Si Antonio Lobato no se suicida por el disgusto, lo digeriremos. Nuestra prensa empieza a asumir que aquí no ha pasado nada, que Fernando sigue siendo el mejor, y que la culpa es del coche («el F10 no estuvo a la altura», subraya 20minutos.es; véase nuestro primer párrafo), y de los italianos, que no tienen ni zorra de estrategia.
Pues eso. Estrategia. Parece que vayan a 300 por hora, pero en realidad es todo una lenta partida de ajedrez. De hecho, amigos rusos nos han dicho que ver ajedrez por la tele es menos aburrido.