Gandhi se levanta y empieza a repartir hostias
Los políticos que le citan como «gran inspiración», los primeros en recibir collejas

Digievolución.
Joan Laporta estaba siendo entrevistado con motivo de su nueva carrera política. Le preguntaron por una figura que admirase. Tópicamente respondió: «Gandhi es mi gran inspiración.» Los testimonios son confusos a partir de ese punto, pero parece ser que Mahatma Gandhi, el abogado de la paz y estandarte de la independencia india, resucitó en cuerpo y alma para partirle la boca a Laporta, al grito de «¿Yo? ¡¿Yo, tu gran inspiración, pedazo de truño?! ¡Qué más quisieras! ¡Cernícalo!»
No es un caso aislado. Parece ser que los clichés de la política han colmado el vaso de la paciencia gandhiana hasta derramarse de la ultratumba al mundo de los vivos. En todo Occidente, decenas de políticos trepas, demagogos, hipócritas, bigots, lameculos y chorizos han denunciado bestiales ataques de un señor al que al principio se identificó como Dhalsim, del Street Fighter II. Ahora sabemos que se trata de la manifestación física de Mahatma Gandhi, muerto en 1948 y resucitado en virtud de una vendetta personal contra los cantamañanas que le citan como fuente de inspiración.
«¡Fue horroroso! ¡Aquel viejo loco me aporreaba la cabeza contra la acera, gritando: ‘¿Cuándo me has visto a mí en coche oficial? ¿Cuándo me has visto en traje de Tucci? ¿Cuándo me has visto negociando con multimillonarios?’», recuerda Erminio Poglietti, líder de los socialdemócratas monegascos, agredido el pasado sábado. «Yo pedía piedad, y él replicaba ‘¡Los cojones! ¡En vida ya me contuve bastante!’»
Laporta, Poglietti... Son sólo algunos de los que ahora pagan el uso y abuso imprudente de un tópico, al que acudieron bajo la creencia, fatalmente errónea, de que el sujeto al que se referían estaba más allá de toda posibilidad de defenderse. Para los analistas, es un nuevo hito en la mezquindad de la clase política: han convertido al abogado de la no-violencia en una máquina de repartir leña. Tiene mérito.