Columnista de ‘El Mundo’ habla de vaginas: ¿en serio no había NADIE más experto?
Muchos tertulianos sólo las han visto de pago, o de familiares... Y en el caso de Salvador Sostres, ambas eran la misma

Todavía estamos por determinar si es que Salvador Sostres —columnista, teletertuliano y cretino profesional— se ha subido al tren de las declaraciones sórdidas de Sánchez Dragó, o es que ahora que, a raíz de aquel episodio, los medios están en modo «búsqueda de intelectuales truños», el estilo habitual de Sostres ha salido en el rádar.
Sea una cosa u otra, Salvador, opinador y orgulloso objeto de varios grupos de Féisbuc (lo de que en todos se le califique de jodido imbécil es un mal menor), ha vuelto a liarla. Quizá a propósito, puesto que sus anteriores éxitos no pueden explicarse sino como un deliberado ejercicio de cretinismo moral por llamar la atención —escribió que las víctimas del seísmo de Haití estaban mejor muertos que siendo haitianos, y se ciscó en Labordeta a los cuatro días de su muerte—. Ahora han sido unas declaraciones en el descanso de una tertulia en Telemadrid, en lo tocante a sus preferencias en vaginas, que nos da grima reproducir. Como Sostres mismo, que también nos da grima pensar que se reproduzca.
Las reacciones no se han hecho esperar —¿sabíais que si pronunciáis esa frase tres veces invocáis al anticristo de los periodistas?—, y mientras Salvador retoza feliz en su porqueriza, la opinión pública se escandaliza ante este nuevo episodio de «persona pública seria tiene un pronto machistazo».
Pero con nosotros ha fallado. Es más: nos parece un fraude. Que Sánchez Dragó escribiera lo que escribió, sí, fue chocante y repulsivo; que todo un alcalde de Valladolid tuviese aquel acceso truñil hablando de Leire Pajín fue inesperado... Pero que Sostres diga en un plató lo que suele decir en su whiskería de confianza, bien vestido de pseudopoesía viscosa y regocijándose en nuestras muecas de asco, era previsible y no sorprende a nadie. Sostres, estás perdiendo mucho. Tú antes eras sorprendentemente imbécil. Ahora, ni sorprendente.