Hace venir a Iker Jiménez porque en el cuarto de su hijo tiene «póstersgueis»
Confusión acústica y ganas de creer, mala combinación

Doña Eugenia Pangrifa, de Tudela, se dedica a lo que cualquier persona de 80 años: ver la tele y liarla de vez en cuando con sus hilarantes malentendidos. Reconciliando estas dos aficiones, ahora el programa Cuarto Milenio planea demandarla por fraude. Y es que la buena mujer movilizó al intrépido investigador de lo oculto Iker Jiménez con el confuso pretexto de que en el cuarto de su hijo podría filmar un notable fenómeno de «póstersgueis».
Se conoce que Doña Eugenia llamó al programa porque había visto un reportaje sobre una casa encantada en Cuenca aquejada de poltergeist; reportaje en el cual, como muy acertadamente repuso Eugenia, «no se veía nada, salvo un armario que abría la puerta cuando el dueño le daba una patada de refilón, que se notaba de una hora lejos»; y, pensando que al pobre Iker le interesaría un caso «con más sustancia», le invitó a acudir a su piso de la calle Poeta Mastuerzo porque «en el cuarto de mi hijo, Rodrigo, que se fue hará diez años ya pero yo tengo su cuarto como lo dejó porque siempre digo que esos amigos con los que vive no los veo yo muy serios y aquí una cama siempre la tendrá porque... Bueno, perdón, que me desvío: ¡que en su cuarto también tiene póstersgueis de esos!»
El previsible desenlace de esta historia, para más inri, no habría sido tan dramático de no haberse desentrañado el malentendido ante las cámaras, en excepcional directo. «¡Usted me dijo que era un caso agudo —le reprochaba el desengañado investigador—, me dijo que estaban en los armarios, en los cajones, por todas las paredes!» «¡Pues claro! —insistía Doña Eugenia— ¡Mírelos ahí colgados! Los Pet Shop Boys, los Communards; estos que iban vestidos de vaquero y de indio y de policía; el chico ese Boy George que acabó tan mal, ese cartel que pone “Osos amorosos” (que, por cierto, no sabía que habían hecho la peli con actores, y ahora que lo veo, la adaptación es de pena; dónde se ha visto que los ositos llevasen esos tirantes...) ¡En fin, pósters gays por todas partes! ¿No es lo que venía buscando?»
Doña Eugenia se enfrenta a una denuncia y compensación de seis cifras, aunque expertos legales ya han señalado que parte de culpa es del propio programa, por no verificar la historia antes de hacer el ridículo. «Es mi rigor científico habitual —se defiende Iker—: a mí me dice alguien que ha hablado con Jesucristo en Betelgeuse, y si veo la verdad en sus ojos, ¡es que es un hecho!» Algunos le han preguntado cómo vio la verdad en los ojos de Doña Eugenia, si hablaron por teléfono. A lo que Iker respondió con un argumento habitual en los círculos ocultistas: «¡Oh! ¡Un platillo volante, detrás vuestro! ¡Miradlo! ¡Miradlo! ¡Joder, giraos y miradlo un momento mientras salgo corriendo de esta situación embarazosa!»