Cada vez asoma en lugares más peregrinos
Aparece el rostro de Cristo... ¡en un crucifijo!

Al principio cogimos la noticia con pinzas, porque estábamos hablando de Paloma Bustillo Caído, célebre majadera que ya había creído ver la efigie del Mesías en lugares tan peregrinos como una rebanada de pan Bimbo, un cirrocúmulo o el derrape en una taza de retrete. Por eso, cuando esta vecina de Burgos aseguró haber detectado por enésima vez la cara de Jesucristo en un accesorio de la parroquia de San Apapucio Neonato, donde trabaja de asistenta, la experiencia obligaba a levantar una ceja escéptica.
Pero esta vez tiene razón: en el crucifijo del ábside de dicha iglesia puede verse claramente, sin necesidad de taparse un ojo y entreabrir el otro, el rostro de Cristo; y lo que es más, ¡en relieve, y a todo color!
Paloma no cabe en sí de gozo por haberse reencontrado con su ya viejo conocido en un lugar tan inesperado: «Fíjate tú, ir a ponerse en la cara del señor ese en pañales que está encaramado a la crucecica. ¡Este Chus, tiene unas cosas!», ríe Paloma, que ya se tutea con el Mesías. «Lleva el pelo más corto y ha adelgazado algo desde que se me apareció en las aureolas de los pezones, ¡pero lo reconocí en el acto!»