De la quelonia serie «El Jueves investiga: ¿Qué fue de...?»
Las Tortugas Ninja: «Nosotros somos mutantes... ¿Cuál es tu excusa para vivir en las cloacas?»

De entre las ideas más absurdas en la historia del entretenimiento, la del tipo que estaba mirando unas tortugas en un acuario y exclamó: «¡Caramba, estos animales de extremidades cortas e incapaces de girar sobre sí mismos podrían ser guerreros ninjas» debe de estar en el Top 10 del bizarrismo. Afortunadamente, ‘absurdo’ no siempre es sinónimo de ‘fracaso’, y las Teenage Mutant Ninja Turtles protagonizaron cómics, películas y una serie de dibujos de esos más bien chuscos que no toleran un revisionado nostálgico. El hype fue breve, y en los 2000 las tortugas regresaron a las cloacas. Que es un descenso frecuente después de un éxito pasajero, seas tortuga o humano.
De hecho, las alcantarillas de Manhattan están entre las zonas con mayor densidad de población al este del Mississipi. Se conoce la leyenda urbana de la población de indigentes que ocupa las estaciones de metro abandonadas y que forma una auténtica civilización por el subsuelo de la isla, así como aquella otra de los cocodrilos albinos que navegan por las aguas fecales. Pero a estos mitos hay que añadir el alto porcentaje de has-beens o efímeras celebridades que volaron del arroyo al estrellato y han vuelto al arroyo; las cucarachas gigantes de Mimic; el Lagarto de Spider-Man; los mocos psicoplásmicos de Cazafantasmas II... No falta gente a quien preguntar el camino para encontrar el hogar de las Tortugas Ninja.
«Mira que esta zona de la ciudad ya tenía sus pegas antes», explica Michelangelo: «La luz natural es escasa, y el olor, para quien tenga nariz, disuasorio. Pero al menos, era espacioso. ¡Mire ahora!»
«Al maestro Splinter tuvimos que ponerlo en una residencia. No en cualquier agujero, ¿eh? Un sitio decente. Aunque viniendo de aquí, claro, cualquier asilo parece el cielo musulmán.»
No les falta razón: alrededor de su residencia en el colector de residuos de la calle 57, un actor en horas bajas discute por teléfono con su representante; los S Club 7 ensayan su retorno a los escenarios; un asesino en serie montonero se lamenta de que ningún policía se moleste en interpretar los delirantes mensajes que deja en los lugares del crimen con recortes de diario, huesos de animales y frutas del tiempo. Las tortugas son capaces de mantener los vecinos ruidosos a raya con algún bastonazo, o de ahuyentar a golpe de nunchaku al insecto gigante que venga a tocarles los kowabungas; pero el espacio se les sigue quedando pequeño. «Al maestro Splinter tuvimos que ponerlo en una residencia», cuenta Leonardo. «No en cualquier agujero, ¿eh? Un sitio decente. Aunque viniendo de aquí, claro, cualquier asilo parece el cielo musulmán. Pero bueno, que le cuidan muy bien, no se crea. Para ser una rata, vaya.»
¿Piensan las Tortugas regresar a la luz? «Ahora que están reseteando muchas franquicias del entretenimiento para hacer pelis nuevas, tenemos oportunidades», cuenta Donatello, que aún atesora los cómics y VHS de sus días de gloria. «Estamos esperando que nos llamen para la secuela de la nueva peli. Lo harían todo con CGI, claro; pero mejor que los modelos seamos nosotros antes que los niñatos con disfraz del parque temático Tortugas Ninja, en Colorado.»
«Aunque lo de volver a la luz, literalmente, lo hemos considerado», interviene Raphael. «A nosotros nos gustaría subir a la superficie y compartir un pisito en Brooklyn con April O’Neil (no sé si la recuerdan, nuestra descubridora: ingeniosa, proclive a ser secuestrada, bastante buenaca), pero no queremos vivir de su caridad, claro. Así que estamos ahorrando.»
¿Y de qué podían trabajar cuatro tortugas mutantes en la edad del pavo? «¡Está claro! ¡Somos los pizzeros más rápidos de la ciudad! Vale, sólo llegan intactas la mitad de las pizzas, pero mientras en las cloacas siga habiendo menos tráfico que arriba... ¡velocidad y sigilo ninja! ¡Los putos amos!»